Fracisco Correa y Bod Dylan, dos afamados cantantes

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Fracisco Correa y Bod Dylan, dos afamados cantantes.

Ayer fueron noticia Francisco Correa y Bob Dylan, aunque tuvo más resonancia lo que contaba el trincón que lo que cantó el poeta, y es de agradecer que ninguno de los dos dejara indiferentes a los activos jaleadores de las redes sociales, que encontraron un paralelismo en sus diferencias.
Correa se sentó en el banquillo dispuesto a cantar todo su repertorio, y aunque le hubieran dado las doce, la una, las dos y las tres, estaba decidido a disfrutar de todos los minutos de gloria que le permitiese el juez.
No se olvidó de la letra de ninguna canción, ni cometió la indelicadeza de dejar de citar a los coautores de su repertorio. Se vistió de negro, habló pausadamente, aportó datos, desnudó a los muñecos del PP, reconoció que en el reparto de beneficios se llevaba la mayor parte, y tuvo el detalle elegante de eximir de responsabilidad a sus colaboradores en la toma de decisiones del delito del que se le acusa.
Me temo que después de esta actuación no le queden muchos amigos en el Partido de la Gürtell, aunque según declaró “lo del PP eran solo negocios” porque sus simpatía políticas y su corazón siempre estuvieron más cerca de PECÉ de la Pasionaria.
Pero la casualidad hizo que un día como el de ayer, Francisco Correa compartiera gloria con Bob Dylan, un cantante que creía que la respuesta estaba en el viento, porque cuando escribió esa canción ignoraba que a veces está en la locuacidad de quienes pactan con los jueces una reducción de condena.
El nuevo premio nobel de literatura, ha escrito dos libros: “Tarántula” y “Crónicas. Volumen 1”, una autobiografía donde cuenta los inicios de su carrera en Nueva York y cómo se abrió paso en el mundo del folk.
La noticia ha sido recibida con división de opiniones, no porque no se valore la calidad poética de las letras de sus canciones sino más bien porque hasta ahora “los nóbeles” de literatura, se había otorgado, con mayor o menor acierto, a escritores que tenían una obra más extensa.
No obstante, y a pesar del oportunismo que vienen demostrando algunos jurados de los Nobel, en particular en los Premios de la Paz que se han ido devaluando de año en año, el galardón literario conserva un suficiente nivel, aunque en ocasiones también goza de cierta polémica.
Nadie le puede negar la condición de poeta a Dylan ni su curriculum de galardones, entre los que tiene un Óscar, un Príncipe de Asturias, diez Grammy y un Pulitzer y ahora el Nobel por “haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”.
Como ven no existen límites para ser famoso en este mundo de vanidades: basta con escribir bien y, a veces, con robar mejor.
Diego Armario

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