CAOS, PRÓRROGA Y REFERÉNDUM

En la política británica nadie supera a Theresa May en el arte de ganar tiempo, dar un paso atrás y esperar a que sus rivales cometan errores. Jeremy Corbyn es perfecto para este cometido y May sabe que sin la infatigable ejecutoria del laborista no seguiría siendo primera ministra.

Del mismo modo, sin los titubeos y contradicciones de la «premier», no se habría conseguido enviar el mensaje a otros Estados miembros de que la salida de la UE es un pésimo negocio. Una contribución europeísta no buscada del 10 de Downing Street.

Ahora el tiempo apremia: el 29 de marzo el Reino Unido deja de pertenecer a la Unión. El acuerdo de retirada de la UE, resultado de treinta meses de negociaciones, ya no sirve, al haber sido derrotado de forma abrumadora en el Parlamento por muy diversas y contradictorias razones. La opción de salida sin acuerdo tendría costes altísimos, también para el continente.

Desde Alemania se sugiere la prórroga de las negociaciones que permite el Tratado, al menos hasta las elecciones europeas de mayo. Pero a cambio se reclama una estrategia clara británica, justo el elemento que ha faltado en la interlocución de Londres con Bruselas desde el fatídico verano de 2016.

Lo más probable es que May solicite el tiempo de descuento e improvise en medio del caos algo parecido a un segundo acuerdo, utilizando a su favor el miedo al Brexit por las bravas. Pero no existe una mayoría clara en el Parlamento que acepte alguno de los modelos alternativos de relación con la UE, desde la solución noruega a la canadiense.

Al contrario, tendría un efecto terapéutico, siempre que consiguiese desterrar del debate europeo las fantasías y mentiras de 2016. Sería la ocasión de aportar argumentos realistas e informaciones veraces sobre la permanencia del Reino Unido en UE.

José María de Areilza Carvajal ( ABC )