CAOS Y TURBULENCIAS

Fíjense en el lío que han armado: Quim Torra no puede ser diputado, pero puede ser president. Lo que no impide que siga ocupando su escaño, aunque no puede votar. Pedro Sánchez se reunirá con él el 6 de febrero para concertar la mesa que, con ERC, encarrile el problema catalán. Pero todo volará, si un Torra cabreadísimo convoca elecciones. El plan de Sánchez era aproximar ERC y JpC, pero resulta que los ha convertido en enemigos a muerte, aunque sean socios del mismo gobierno.

Por si todo ello fuera poco, Junqueras ha comparecido ante el Parlament para dar su versión del 155, y resulta que no considera delito la declaración unilateral de independencia que le acarreó 13 años de condena por sedición. Desde aquel marido que al preguntarle «¿Y tú qué harías si tu mujer te pillase en la cama con otra?», contestó: «¿Yo? Negarlo, naturalmente», no se había visto tamaña muestra de cinismo o candor. Aunque, por otra parte, ¿qué iba a decir, cuando todos vimos lo que pasó? ¿Que ha fracasado, como el entero plan independentista? Eso nunca.

¿Qué va a pasar? Pues puede pasar todo o nada. Que el lío siga creciendo hasta convertirse en caos o que unas nuevas elecciones catalanas pongan a cada uno en su sitió, o sea, digan quién ha ganado y quién ha perdido en la pelea arrabalera que tiene lugar en la escena española desde que se puso en duda la Transición y las nuevas fuerzas políticas arremetieron contra la Constitución del 78 con todo lo que representa.

Aunque es posible que nadie gane, que todos pierdan. Es lo que suele ocurrir cuando el instinto se impone a la razón, el seny a la rauxa. En Cataluña se libran hoy dos guerras: la del secesionismo contra España y la de ERC y JpC por la hegemonía en Cataluña. Lo que pueden conseguir es arruinarla.

De momento, sólo podemos decir que a Pedro Sánchez no le están saliendo las cuentas. Convencido de que podía engañar a todos, socios y rivales, se está encontrando con que sólo engaña a los que esperan sacar provecho de sus deslealtades: los nacionalistas, que confían les permita alcanzar la independencia, y la extrema izquierda, que creen tenerle amarrado para, ¡finalmente!, «cambiar España que no la conozca ni la madre que la parió» su sueño secular.

Pero también ellos pueden llevarse un chasco. Hay dos cosas que no conviene olvidar: que por peleados que estén entre ellos, al menos parte de los separatistas seguirán apoyándole porque es el único político español dispuesto a darles lo que buscan.

Y que, de no quedarle otro remedio, Sánchez también les traicionará, echando mano si es preciso del 155, para seguir durmiendo en La Moncloa y volando en el Falcon o los helicópteros. Así que abróchense los cinturones de seguridad que entramos en turbulencias.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor