CARA VICTORIA

Pedro Sánchez ha ganado la batalla, pero puede haber perdido la guerra. Ha logrado ser investido presidente, pero a cambio de haber expuesto su falta de escrúpulos, su fariseísmo, su cobardía. En estos más primaverales que invernales días de cambio de año, ha mostrado más de él que en el tiempo que lleva en la presidencia, escabulléndose de los medios (Puigdemont ha dado muchas más ruedas de prensa) y ahora sabemos la razón: por ser el primero en saber el inmenso lío en que se ha y nos ha metido.

Sólo un hombre con una absoluta falta de principios puede creer que se puede gobernar un país con las fuerzas que intentan socavarlo y trocearlo. Pero eso es exactamente lo que ha hecho Pedro Sánchez. Que Esquerra Republicana tiene como único y último fin separar Cataluña de España lo ha proclamado cien veces.

Que Podemos intenta dar la vuelta al sistema político, social y económico español lo demuestran quienes han elegido como socios en Hispanoamérica y mundo islámico. Aparte de que su condición de comunista es incompatible con la democracia liberal. Ambos le apoyan por creer que, les ayudará a alcanzar sus objetivos.

Posiblemente se cree lo bastante listo para engañar a ambos, pero van a someterle a un estrecho marcaje, uno desde dentro del gobierno, otro desde fuera, para que cumpla sus compromisos. Y no digamos la oposición, que no es únicamente el PP, Vox y Ciudadanos, sino los muchos españoles que se dan cuenta de la gravedad de la situación.

Ante ello, tiene dos caminos: volcarse en la «agenda social», con medidas populistas de todo tipo, salario mínimo, pensiones, sanidad, educación, etc., pero con difìcultad de financiarlas -hay quien ha calculado en 30.000 millones de euros esos gastos-, lo que obligará a Bruselas a intervenir, por mucha influencia que tenga allí la exfuncionaria europea Calviño, y que los secesionista catalanes le exigirán en 15 días, plazo dado por Rufìán, qué hay de lo suyo. O puede activar «lo suyo», con concesiones de todo tipo en la mesa que han montado, desde la puesta en libertad de sus camaradas encarcelados hasta la «consulta» en Cataluña que les ha prometido.

Y ahí va a encontrarse no sólo con PP, Vox y Cs, sino también con la mayoría de los españoles, incluidos muchos de su partido, no dispuestos a permitir la mutilación del país y a entregar maniatados a los compatriotas en Cataluña.

Lo que quiere decir que Pedro Sánchez ha caído en la trampa tendida a los demás. Desde el punto de vista histórico y moral, lo más grave es haber dado tal golpe a su partido, que quedará tullido por mucho tiempo. Pero en el PSOE conocían perfectamente a Pedro Sánchez.

En cuanto a llamar «progresista» a un gobierno con la ultraizquierda que es el comunismo y la ultraderecha que es el nacionalismo identitario, sólo se admite como chiste.

José María Carrascal ( ABC )