El comunismo sin un archipiélago Gulag no tiene sentido, y por eso todo dirigente comunista con genética estalinista necesita disidentes presos en las cárceles con la misma urgencia que el oxígeno para respirar.

La historia acredita que en los países en los que se impuso un régimen político similar y dependiente de Moscú nunca faltaron presos que estaban dotados de un cierto nivel cultural e intelectual, porque lo que más teme un dictador es a un ciudadano formado y con criterio propio.

La noticia que me sugiere este comentario es la orden de detención que ha dictado la fiscalía de Nicaragua contra  el escritor Sergio Ramírez,  Premio Cervantes de Literatura, que fue vicepresidente del Pais  en el primer gobierno de Daniel Ortega , hasta que dimitió en enero de 1995 por discrepancias con la deriva que iba tomando aquel gobierno.

La tipificación del supuesto delito del que le acusan para meterlo en la cárcel es “lavado de dinero, bienes y activos; menoscabo a la integridad nacional, y provocación, proposición y conspiración”, que es la fórmula que está empleando Daniel Ortega y su señora Rosario Murillo que constituyen la pareja de sicarios institucionales más activos de América latina y que están encarcelando a todos los opositores que denuncian los excesos de su dictadora.

El perfil del dictador en América latina ha ido cambiando a lo largo de las últimas décadas porque antes no convocaba elecciones o, como en Cuba, solo participaba el único partido que no estaba prohibido. Ahora se convocan comicios, pero se persigue o encarcela a los candidatos de la oposición, se sacan a la calle bandas de sicarios para que amedrenten a los ciudadanos que osan criticar al gobierno y se utilizan a las instituciones que previamente han modificado por ley para poder controlarlas en beneficio del poder constituido.

Esta es una fórmula que consideran infalible y todos los regímenes comunistas la aplican en la actualidad porque forma parte de su estrategia global allá donde gobiernen.

Por eso el lenguaje y las proclamas que algunos dirigentes comunistas en el resto del mundo y también en España, utilizan contra sus oponentes políticos incluye la amenaza de meterlos en la cárcel.  

No dicen que sus supuestos delitos podrían ser condenados por la justicia. Se saltan ese enojoso trámite y pronostican una celda con barrotes para quienes ni siquiera están incursos en una investigación.

Les basta su voluntad liberticida para señalar, acosar y condenarlos. Si tienen dudas o curiosidad sobre esta materia busquen cuántas veces Pablo Iglesias ha hecho ese pronóstico amenazador de meter en la cárcel a dirigentes de la oposición.

Diego Armario