CARETA NUEVA

En junio de 2017 faltaban solo tres meses para el intento de golpe de Estado en Cataluña. Los dirigentes separatistas ya habían hecho público con alharacas su calendario de leyes de independencia y habían anunciado un referéndum ilegal.

Conocedor como todo el país de ese envite frontal, Sánchez pronunció el 18 de junio su discurso de clausura del 39 Congreso Federal del PSOE. ¿Y qué dijo? ¿Qué propuso el dirigente del partido apellidado «Español» ante la amenaza de golpe de Junqueras y Puigdemont?

Pues su respuesta fue enfatizar que España es «una nación de naciones», exigir que se reconociese «la identidad nacional de Cataluña dentro de la Constitución», presentar la Carta Magna del 78 como una antigualla que urgía reformar y poner a parir al PP y al Gobierno de Rajoy por su inmovilismo y falta de diálogo.

Es decir, la receta de Sánchez para parar a los golpistas consistía en darles más autogobierno, aflojar los hilvanes constitucionales que mantienen al Estado unido y establecer que Rajoy era tan culpable del golpe como Puigdemont y Junqueras.

Los separatistas, convencidos de que España era una momia soñolienta que no actuaría, fueron cumpliendo paso a paso su programa de ruptura (perfectamente organizado desde el Gobierno catalán y sufragado con dinero público, como hoy sabemos).

Dado que el 155 era un paso inédito, Rajoy intentó sumar a PSOE y Ciudadanos. Sánchez remoloneó todo lo que pudo, planteó pegas y solo accedió cuando llegó el aldabonazo del explícito discurso del Rey, que dijo en alto lo obvio: ningún Estado del mundo puede tolerar que autoridades públicas vulneren su Constitución.

Sánchez se vio forzado a aceptar el 155, pero impuso su versión más liviana, dejando incluso fuera de control a una televisión pública que es el mayor ariete de propaganda sediciosa.

El siguiente paso de Sánchez fue negociar entre bambalinas un acuerdo con los nacionalistas vascos, los insurrectos catalanes y Bildu para derribar al «inmovilista» Rajoy. Consumada la maniobra, abrió una «operación diálogo» con Torra, que consistió en dejarle hacer, adularlo con gestos tan inadmisibles como recibirlo en La Moncloa con el lazo amarillo pro golpista en la solapa, o tolerar silente sus desplantes y vetos reiterados al jefe del Estado.

Por último, Sánchez aceptó un documento secreto de Torra con 21 puntos, que ocultó a los españoles y que incluía una negociación con observadores, como si se tratase de un proceso de descolonización.

Ese plan se truncó solo porque Torra lo sacó a luz jactándose de ello y los españoles salieron a la calle en Colón a denunciar la traición del presidente, que se vio forzado a recular, perdiendo así el favor de sus socios separatistas, única razón por la que hay elecciones.

Por último, Iceta acaba de revelar que los socialistas concederán un referéndum de independencia en cuanto se alcance una mayoría pro separatista en Cataluña. Sánchez todavía no ha desautorizado expresamente a Iceta.

Ayer, en un mitin en Zaragoza, Sánchez se presentó en tono enérgico como un valladar contra la ruptura de España. Lo que equivale a AC/DC proclamando que lo suyo es Chopin. Un choteo.

Luis Ventoso ( ABC )