Estamos salvados. Somos el país de Europa con más personas infectadas por el coronavirus y el ritmo de la pandemia sigue incrementándose; tenemos una de las mayores tasas de muertos por el Covid-19 del mundo; tenemos el doble de índice del paro que en Estados Unidos -que según la mayoría de los medios españoles es donde peor ha golpeado el virus; la destrucción de empresas es superior a ninguno de los países de nuestro entorno; tenemos una tasa de ocupación ilegal de viviendas inimaginable en cualquier otro país de la Unión Europea… pero el gran anuncio de la vicepresidenta primera del Gobierno tras el consejo de ministros de ayer es que se va a hacer una ley de «memoria democrática».

 Para que la educación obligatoria en España sea completamente sectaria. No paramos de mejorar.

Lo mucho que se habló de la exhumación de los restos de Franco ya no da más de sí. Ahora hay que dar otro giro y ese va a ser echar a los benedictinos del Valle de los Caídos e incluso derruir la inmensa cruz porque, según fuentes de la Presidencia del Gobierno citadas por ABC «no cabe la menor duda de que la cruz es uno de los símbolos del nacionalcatolicismo».

Es increíble con qué facundia se pronuncian estos iletrados. Ahora resulta que un símbolo universal de los cristianos, la mayoría de ellos no católicos, es en realidad un símbolo del nacionalcatolicismo. Si eso es cierto, implicaría que el franquismo hizo una gestión genial al apropiarse de un símbolo universal, presente en los cinco continentes.

Pero estos analfabetos tienen que distraer la atención de la opinión pública. Ahora lo importante es retirar los títulos de nobleza del franquismo y ya de paso los que dio el Rey hasta 1978. Es una forma de criminalizar a la Monarquía recordando su vinculación con el franquismo, pero no cómo deshizo ese régimen. Y ya, en este mismo barco, se modifica la ley para ilegalizar la Fundación Francisco Franco.

Porque resulta muy preocupante que pueda haber alguien que dé una versión alternativa a la «verdad oficial». Y «verdad oficial» sólo hay en las dictaduras. Ahora nos vienen con la milonga de que igual que no hay una Fundación Hitler o una Fundación Mussolini no puede haber una Fundación Francisco Franco.

Es difícil hacer un paralelismo más zafio. Con perdón por el dato histórico -que siempre les revienta y por eso necesitan imponer una mentira oficial a la que llaman «verdad»- en la Segunda Guerra Mundial, los ejércitos aliados derrotaron a los nazis y los fascistas. A la España de Franco la reconocieron antes de que acabara la guerra y aquí vinieron a abrazarse a él Ike Eisenhower y el general De Gaulle, que en la nueva verdad oficial seguramente serán dos peligrosos fascistas.

En Portugal hubo una revolución que acabó con el salazarismo, pero a nadie se le ha ocurrido imponer un embuste como la ley de la mentira histórica y puede defender a Salazar quien lo tenga por conveniente. Nuestra Monarquía es en verdad heredera del franquismo porque ésta ha sido la única vez en la historia de España desde 1812 en que se ha alterado el orden constitucional desde la ley a la ley (lo que debe olvidarse suprimiendo el título de nobleza que recuerda al autor intelectual de aquel gran momento de la historia de España, Torcuato Fernández-Miranda).

Al final, lo que ayer anunció la vicepresidenta Calvo es que hay que completar la revolución pendiente. Esta gente hace revoluciones con el BOE en la mano y su revolución consiste en imponer la mentira oficial para que las nuevas generaciones no sepan de dónde vienen.

Y así es imposible saber a dónde se va.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )