CARMEN Y LA ESPAÑA DE LA BATAMANTA

Desde su ingreso en una clínica privada para tratar su coronavirus hasta hoy apenas habíamos tenido noticias de Carmen Calvo, más allá de que el 26 de marzo recibió el alta hospitalaria, que el 14 de abril ya había superado la enfermedad y que anteayer llamó a Núñez Feijóo para pedirle árnica y enredarle las cosas a Casado.

Ayer apareció en las Cortes para el debate sobre la nueva prórroga-trágala del estado de alarma y la imagen de la vicepresidenta primera era casi una foto de cómo el Gobierno se está enfrentando a tan gigantesca crisis: arropada hasta los hombros con una manta y cubierta con una mascarilla, casi arrebujada en su escaño sin posibilidad de transmitir un gramo de confianza a los ciudadanos pues era la estampa misma de un Ejecutivo guarecido en su impotencia gestora, sin otra solución que ganar tiempo, inventar palabras y que sea lo que Dios quiera.

Porque Sánchez ayer no se presentó con nada más concreto que ese «yo o el caos» para pedir la prórroga, con el que solo ha convencido a Arrimadas. Nada sobre qué va a hacer. No es que no haya plan B, es que nunca hubo más plan A que exigir la adhesión a las medidas y mensajes que unilateralmente, y con más de 25.000 muertos y la economía destrozada en este tiempo, ha ido improvisando.

Desde anteayer sabemos que en vez de lamentar el catastrófico aumento del desempleo en España (siete millones de trabajadores mano sobre mano), en la «nueva normalidad» es motivo de orgullo nacional que seamos capaces de repartir cinco millones de subsidios, al menos eso sostiene la ministra de Trabajo a la que, efectivamente, cuesta trabajo entenderla.

El chantaje sanchista del «yo o el caos» recuerda aquel genial chiste de Chumy Chúmez en «Hermano Lobo» donde un dirigente político arengaba desde la tribuna a las masas planteándoles un ultimátum: «O nosotros o el caos», afirmaba; a lo que el pueblo respondía coralmente, «¡el caos, el caos!». «Es igual, también somos nosotros», decía el que mandaba.

La viñeta fue portada del semanario satírico, joya del humorismo español en los albores de la Transición, con Franco aún vivo.

Es curioso que 45 años después el dibujo parece hecho ayer mismo en el Congreso, con Carmen Calvo con la batamanta en el escaño, mirando con cara de susto la España de Sánchez.

Álvaro Martínez ( ABC )