CARMENA Y EL FACCIONALISMO

La pugna descarnada por el poder en el seno de la heterogénea coalición que gobierna la capital de España es conocida de sobra por los madrileños. El faccionalismo -además de la incompetencia, pero este es un problema añadido- ha lastrado la gestión municipal desde el mismo comienzo de la legislatura, que afronta ahora la traca final de una ruptura abierta entre Manuela Carmena y Pablo Iglesias.

En el fondo, y más allá de familias ideológicas dentro de una radicalidad común, todo se reduce a la lucha por el control de la lista electoral, que la alcaldesa reclama en exclusiva. Desea sacudirse todas las tutelas de Podemos, que pasaban por asumir nombres como el de José Julio Rodríguez, a quien Iglesias se empeña en colocar en el Ayuntamiento contra la opinión de Ahora Madrid.

En represalia al amotinamiento de seis concejales -entre ellos la portavoz, Rita Maestre-, que rechazan participar en las primarias moradas, Pablo Echenique ya los sitúa formalmente fuera de la organización. Lo cual obliga a Carmena a ganar por sus solas fuerzas con una marca propia, en tanto el cesarismo de Iglesias resulta cada vez más cuestionado.

Estas riñas fratricidas en el entorno populista evidencian la pueril irresponsabilidad con la que conciben la política sus dirigentes, más preocupados por repartirse cuotas de influencia y puestos de libre designación que por articular un proyecto coherente de gobierno. El problema es que los ciudadanos son los rehenes de un espectáculo de ineptitud desesperante. Quien no es capaz de gobernar su casa no puede aspirar a gobernar bien la de todos.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor