CARMENA Y LO INDIGNO

El mismo ayuntamiento que el 12 de Octubre, día de la Fiesta Nacional, cuelga la bandera de los indígenas andinos para reprobar la gesta colombina y el nacimiento de la Hispanidad ha eliminado la bandera de España de las placas que recuerdan en la ciudad los lugares donde fueron asesinadas las víctimas del terrorismo.

Además de quitarles la patria, la alcaldesa Carmena ha decidido suprimirles la «dignidad», que venía antes escrita en esos recordatorios imprescindibles, pues fueron aquellos madrileños caídos los que -junto al resto, sembrados por todo el país- más pusieron para que ETA fuese derrotada. Hasta 199 fueron muertos a tiros o despedazados por una bomba en la capital en aquellos terribles años de plomo y amonal, un balance atroz al que hay que sumar los miles de heridos, los secuestrados y los extorsionados, que el matar fue además un negocio criminal para esas hienas.

Y hay que unir a la lista de damnificados a los miles de viudas y a los huérfanos y a tantos padres que aún lloran la ausencia. Fue también Madrid ciudad refugio para quienes pusieron tierra de por medio y salieron del País Vasco por miedo a entrar en la lista de objetivos de la banda, esa diáspora hiriente fruto de la limpieza étnica que perseguían los canallas y quienes les apoyaban.

A Carmena ya hubo que llevarla a rastras al aniversario-homenaje con motivo del vigésimo aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Ahora vuelve a las andadas, dando donde más duele y a aquellos que bajo una lápida ya no pueden protestar.

La alcaldesa podemita ha comenzado quitándoles la bandera de España y la dignidad. A no mucho tardar, y mientras el populismo siga colaborando en la operación de blanqueo de ETA, quizá quite de las placas las palabras «memoria», «verdad» y «justicia»… y lo que pida, por ejemplo Otegui, que también secuestró y pegó tiros por estas calles y ahora anda de cháchara con Zapatero.

Y luego, cuando los populistas completen la operación de lavado de tanta sangre derramada, la placa quizá termine diciendo «Aquí se murió una persona». Y ya está. Pero no son las víctimas quienes con este impresentable sectarismo pierden la dignidad, que la tienen blindada en el corazón de los españoles.

La pierde quien juguetea con el honor y la grandeza de aquellos admirables ciudadanos, españoles aunque Carmena les quite la bandera, que dieron la vida por la libertad de todos.

Álvaro Martínez  ( ABC )

viñeta de Linda Galmor