Un Estado sin Servicios Secretos, de Inteligencia y Espionaje no es un Estado, es un balneario. Su labor sorda, su callada presencia y su cosecha de información vendimiada en las cloacas y en los palacios, en los burdeles y en las parroquias de todo el mundo, es el pan de la Seguridad Nacional, la pólvora de su estrategia y el santo y seña de su táctica.

Llegado el caso (que siempre llega) la información arrebatada al enemigo en el frío silente del espionaje, donde no hay cuartel ni lápidas ni esquelas para sus agentes, es la brújula de los mapas y la bala trazadora que orienta el tiro de la Defensa Nacional. Esa es la grandeza de los Servicios Secretos.

Cuando el Servicio Secreto se convierte en un chiribitil de porteras y en una jaula de cotorras dispuestas a pasarle la bayeta a los partidos políticos, espiando a los Medios de Comunicación y a los periodistas desafectos al Régimen que incuba el Delenda est Hispania para proclamar la III República socialcomunista, como el CNI está haciendo con El Correo de España, la grandeza del agente de Inteligencia desciende hasta la abyecta condición del delator, del chivato, del colaboracionista que amasa su soldada denunciando fascistas, poniendo los listados con sus nombres en los felpudos de las alcantarillas del PSOE y de Podemos, tal y como hacían las porteras en la España del Frente Popular delatando ante los milicianos rojos a los vecinos que ellas sabían que no lo eran.

No tendrás que sudar mucho para ganarte el pan, portera del CNI, contándoles a tus amos que un servidor y El Correo de España somos sus enemigos. No lo hagas, no por nosotros sino por tu propia seguridad laboral, pues te echarían por tonto; por ser ese tonto que llega a Torrevieja y se desgañita voceando que ha descubierto el Mediterraneo. Anda, corre, ve y dile a tu amo que Eduardo García Serrano despide este artículo escribiendo ¡Viva Franco y Arriba España!

Si así lo haces, pronto estarás en el paro, Abundio, con un cartelito colgado del pecho en el que ponga “Cave canem, que es tonto”.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )