Estimada Macarena: No nos conocemos, de ahí que mi atrevimiento viene dado por el conocimiento público de ti como dirigente de VOX a través de las televisiones y medios periodísticos. Tan siquiera tengo referencias por terceros, de ahí que la opinión que tengo formada de ti es la que has transmitido a través de los medios generales, excluidas las denominadas redes sociales en las que no participo.

Es pública la noticia de que abandonas la política por problemas de salud, justificación suficiente como para no hacer preguntas y respetar dicha decisión nacida del ámbito estrictamente privado. Pero cuando he leído que también dejas VOX, además de la salud han tenido que ver otras circunstancias en la decisión adoptada.

La enfermedad aleja de la actividad diaria pero no de la militancia, que puede seguir manteniéndose de manera pasiva o latente, de ahí que los que somos espectadores de tu decisión no podemos dejar de pensar que haya otros motivos, tal vez más importantes y graves que los propios de la salud.

En otra ocasión ya escribí que entendía tu propuesta a las elecciones andaluzas de posición paracaidista, con lo que ello comporta de riesgo en el descenso y fortuna en la caída. Tal vez no fue voluntad tuya acudir a dichas elecciones porque te alejabas de Madrid, verdadero centro de la política, pero alguien te apartaba y Andalucía era una justificación.

Para la política nacional eras la más preparada, pero no entendiste que en los partidos políticos -por su propia definición- “parten y dividen”, no solo respecto de los otros partidos sino entre su propia militancia. Como digo, eres la más preparada y eso los mediocres no lo soportan, sobre todo cuando sienten que se les quita su modo de vivencia, que no es lo que mismo que modo de vivir.

El primero de estos modos hace relación al tema económico, al de hacer la política una forma de obtener el sustento y si este es amplio y copioso ya no hay duda del que lo obtiene. Pero tú no necesitas la política como vivencia ni para vivir, tienes tu carrera anterior y la que aún puedes desarrollar en la Abogacía del Estado, frente a los que carecen de clientela.

En otro orden, creo que no has entendido lo que es la política en España, que no es otra cosa que un engaño, pues todo aquel que se acerca a ella con ideales bajo el brazo ha de someterlos a la servidumbre de lo práctico, sobre todo cuando se llega a la Carrera de San Jerónimo. Hasta los escalones que guardan leones africanos uno puede invocar la unidad de la Patria, la desaparición del estado de las autonomías, y la prohibición de la entrada de inmigrantes, por poner algún que otro ejemplo de los fines de VOX.

Pero una vez dentro, en ese hemiciclo que ha conocido los vaivenes de parte de la política española, la cosa cambia, y ya se aceptan las subvenciones, necesarias para mantener la estructura empresarial del partido: locales, trabajadores, asesores, propaganda y, por supuesto, mantenimiento de los líderes cuyo estado social se ha elevado.

No te has dado cuenta que anida la mediocridad y a ella uno ha de sujetarse sin sobresalir. Si sobresales no sales en la fotografía, que decía Alfonso Guerra. Claro está que te confiaste, que pensabas que tenías amigos, cuando estos son los lo que te lanzan a la arena, los que te dicen que vistas de andaluza con abanico incluido, que acudas a decir a los andaluces lo que desde el Congreso no dirías.

A buen seguro, esos amigos son los mismos que te aseguraron que volverías a la política nacional en caso de fracaso, cuando tú has mejorado la situación pero no llegado a las expectativas de quien no se mantiene en las realidad de las cosas. Los mismos que te aconsejaron permanecieras tras de Despeñaperros pese a ser ya la comunicación rápida y fluida, con lo que la sombra de la traición aparece dibujada.

En esta situación turbia has sabido dar un paso claro y elegante, sin echar culpas a nadie, asumiendo el sacrificio que significa la renuncia a un futuro político que prometía. Pero como Felipe II -comprendiendo que no podía dejar a su hijo una herencia de guerras continuas, llegó a firmar la Paz de Vervins con Francia, devolviendo a esta  todas las plazas que defendían la frontera meridional de Flandes, entre ellas la de Calais, pese al rechazo del estamento militar al ver con ello la inutilidad de tanta sangre derramada- has adelantado una decisión que te afecta personalmente sin esperar agradecimiento alguno, tal vez alguna queja de quien no entienda dicho paso.

Yo puedo entenderte, porque nunca he querido estar con quien no quiere estar conmigo, y menos cuando se reciben promesas que conviene cumplir.

Mis mejores deseos.

Luis Alberto Calderón ( El Correo de España )