Reconoce, Pablo, que en este momento eres un obstáculo para el desarrollo del Partido Popular frente a la ilusión y entusiasmo que suscita la presidenta de la Comunidad madrileña.

No sabes, Pablo, lo contentos que están contigo tus votantes y simpatizantes. Hace un rato he tenido ocasión de comprobar el poco atractivo que tienes para ellos y lo mucho que creen en Isabel. Te sorprenderías si supieras el gancho que la presidenta tiene, incluso, para gente como Martínez-Almeida, Núñez Feijoó, Cayetana, Fernández Mañueco, Herrera Campo… Te aseguro que has caído en el despropósito.

Empiezan a marcharse muchos votantes del Partido Popular. Has incentivado a esos para apoyar a VOX porque comprueban que careces de capacidad de liderazgo, de atractivo político y del espíritu sustentante para ser el líder que precisa esta España dividida, troceada, desprestigiada en Europa, maltratada por las reminiscencias del terrorismo bilduetarra, esputada por el siniestro golpismo y arruinada en lo económico.

Has demostrado ser el prototipo de persona a las que Einstein despreciaba siempre. Solía decir que «la vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal sino por las que se sientan a ver lo que pasa». Lo demostrarte al acongojarte ante la moción de censura.

Pensabas que Pedro Sánchez se hundiría solo y que heredarías la presidencia, pero nunca contaste con las estratagemas de las que es capaz la izquierda sectaria y maliciosa. No has sabido leer a la tramposa siniestra, por eso no debes quejarte. Recuerda que la infancia es la única época de nuestra vida en la que los mitos y los caprichos duran una eternidad, en palabras de Lola Gabarrón.

Escucha, Casado, tu torpeza parece no tener límite. No dudo de que, en algún momento, hayas sido la esperanza de España, pero ya no eres ejemplo de nada. El daño infligido a tu partido con esos ataques de envidia hacia Ayuso te va a pasar factura, eso si no lo ha hecho ya.

Confieso que, desde mi punto de vista, no debes seguir en Génova y mucho menos en la planta noble; de ahí que haya pedido tu dimisión en todos los medios a mi alcance, incluso a través de tu correo electrónico del Congreso de los Diputados y en el de todos los diputados «mudos» y acojonados de tu partido.

Y como yo, lo han hecho miles de simpatizantes. Piensa que «la independencia del pensamiento es la más orgullosa aristocracia», según A. France. De esto último ha hecho gala la propia Ayuso.

Has traicionado a tus votantes porque llevas tiempo dando alas a la siniestra y, particularmente, al sector más negro del desbaratado socialismo. Jugabas con fuego por simple envidia: allí donde acudes no atraes más que a tu gente fiel, pero donde acude Isabel es el no va más; gente de todos los palos, colores ideológicos y no tendenciosos acuden como avispas a la miel.

Aunque te cueste creerlo, en este momento eres un obstáculo para el desarrollo del Partido Popular frente a la ilusión y esperanza que suscita la presidenta de la Comunidad madrileña. ¿Quién cree en ti y en tu equipo a estas alturas de la película? Empieza por prescindir del muerciano, García Egea, porque está haciendo más daño que un nublado en agosto.

Hoy el PP no es nada sin la fuerza motriz de la presidenta madrileña y el empuje de su equipo. Tenías que haber sabido parar las amenazas de García Egea hacia el siempre admirado, Miguel Ángel Rodríguez, y lo vas a pagar con votos. Egea al lado de M.A.R. es un peón de oficina frente a todo un experimentado gestor. Miguel Ángel sabe nadar en aguas procelosas mientras que García Egea es como las gallinas de Cafarnaúm que simplemente aprendieron a bracear para fornicar con los patos.

Si no dimites en las próximas semanas y continúas atosigando a la Reina madrileña, no descartes el surgimiento de un nuevo partido con semejante impronta a la del Partido Popular. Tu mayor logro ha sido que la gente piense que el PP ya es una vieja y aturdida UCD que se mantiene en pie, pero está sonado. Viene a ser algo así como el estafermo de las Justas y Torneos donde ese se llevaba todos los tantarantanes hacia un lado o hacia otro, pero siempre se mantenía en pie.

Te juegas el futuro y el presente, Pablo, por eso es el momento de convocar el congreso madrileño sin más dilación y comprobar que la figura de Díaz Ayuso no ha perdido brillo ni frescura y tampoco esplendor. Y, llegado el momento del congreso nacional, no se puede prescindir de la misma candidata. Negar a Díaz Ayuso su valor al alza es demostrar una arraigada ignorancia que hace tiempo te presupongo, Pablo.

Las batallas pueden demorarse, pero las guerras sólo tienen un vencedor.

Jesús Salamanca Alonso ( El Correo de España )