CARTA ABIERTA A CARMEN CALVO

Hace unos días, señora vicepresidenta, declaró a un periódico digital que el mayor problema español es la violencia de género, según usted estimulada por el PP, Ciudadanos e incluso Podemos, pues solo el PSOE aboga por invertir de inmediato 200 millones en propaganda preventiva. Ayer nuevas declaraciones suyas informan de que “un Gobierno breve sería una tomadura de pelo a los ciudadanos”.

Por lo que respecta al primer punto, querría saber si la campaña preventiva ha salido o saldrá a concurso público, y hay algo parecido a un pliego de condiciones para solicitantes. No le oculto tampoco que desearía sumarme a ellos, poniendo mi granito de arena en la noble causa de desterrar a maltratadores. En la familia todos somos feministas, y nos duele en especial la minoría de edad perpetua impuesta a 500 o 600 millones de islámicas, así como las sevicias padecidas tradicionalmente por muchos más miembros de su género en India, China y África, donde un baboso paternalismo alterna con prácticas atroces.

Entiendo por eso que la campaña preventiva solo será eficaz si insiste en comparar esos marcos -en algunos casos dominantes para nuestra inmigración- con lo logrado en Occidente desde la colosal Mary Wollstonecraft y su Vindicación de los derechos de la mujer (1792). Más de un siglo hubo de pasar hasta reconocer el derecho al sufragio paritario, aunque desde entonces nuestra cultura ha ido sensibilizándose cada vez más a la infinitas ventajas de la igualdad jurídica, y la supongo al corriente de lo que opina el feminismo culto no solo de los progresos logrados, sino de la rama llamada unas veces lesbofeminismo chicano y otras lesbofeminismo marxista. Como en todo, “la excelencia es tan sublime como rara” (Spinoza), y entiendo que lo fundamental es perseverar en el camino ya abierto.

Por lo demás, la violencia de género no solo es alevosa -dada la habitual superioridad muscular del varón-, sino amparada a menudo en barbaries culturalmente arraigadas, dispuestas lo mismo a convertir los pies femeninos en muñones, como otrora en Extremo Oriente, que a ablacionar el clítoris. Es imposible prevenir crimen alguno sin estudiar de cerca a sus autores, pero formaba usted parte del Gobierno que prohibió precisar las autorías de estos crímenes atendiendo a nacionalidad y etnia, lo cual arrojó una espesa cortina de humo sobre aquello que decía querer evitar.

La alternativa es imputar a países algo concentrado más bien en sectores y temperamentos, olvidando los motivos para felicitarnos de que la España esmirriada y rijosa se haya desvanecido, gracias a generaciones educadas en colegios mixtos y no expuestas a la libido explosiva imperiosa de mis mocedades, para las cuales el porno ha llegado a ser algo en alta medida anodino. Si buscamos eficacia, lo menos procedente es vendarse los ojos antes de golpear la piñata, y eso haremos mientras se demore un cambio general de perspectiva. En vez de excitar victimismos, promover fidelidad a nuestra herencia humanista, con la antropología cultural, la psicología y la criminología como consultores primarios.

Denuestos apoyados en sustituir la “falocracia patriarcal” por amenazas de castración no demostraron hasta hoy capacidad alguna para reducir la barbarie machista, sino más bien para lograr lo contrario. Ensayemos opciones ilustradas, y mostremos por ejemplo cómo el impulso a imponer el sometimiento femenino depende en alto grado de imaginarios bien determinados, empezando por una sacralización del himen que garantiza en la práctica los matrimonios no dependientes del consentimiento.

Si lo prefiere, señora vicepresidenta, defender otra igualdad que la jurídica es una pretensión tan tiránica como aspirar al mismo cuerpo, o al mismo número de zapato -origen esto último del tormento infligido durante siglos a tantas infelices chinas-, y le sugiero tener presente que la diferencia de potencial no solo es el origen de la corriente eléctrica sino del cosmos, abocado en otro caso a la muerte térmica.

Sin embargo, me preocupa mucho más su declaración de que no agotar la legislatura sería tomarle el pelo a la ciudadanía, pues no logro separar ese aserto del expuesto cuando era ministra de Cultura, y dijo que “el dinero público no es de nadie”. Lejos de ello, cada céntimo del pan ganado por los contribuyentes debe aplicarse en exclusiva al bien común, una categoría difícil de avenir con la política como profesión, y las décadas que llevan usted y tantos otros saltando de un mando a otro.

Su anteproyecto de Ley del Cine decidió proteger a la industria nacional en términos chavistas, exigiendo exhibir una película nativa por cada tres foráneas, y quizá sintiéndolo mucho Zapatero la cesó a raíz de la huelga subsiguiente, secundada por el 93 por ciento de los cines. Actual titular de Igualdad, es evidente que la “austeridad” asumida por el presidente Sánchez le parece compatible con crear cuatro Ministerios nuevos, y no menos evidente que la proporción de 6 a 11 en carteras tampoco le parece desigual.

Doctorarse en Derecho no la ha llevado a ver en cualquier discriminación -y más aún en la indefinida- un engendro antijurídico, tan ultrajante para la equidad como una ley retroactiva, o una ley secreta, aunque el tema de la discriminación merece abordarse con máximo detenimiento, no con ocurrencias sueltas. De ahí que me limite a rogarle noticias precisas sobre la campaña de propaganda preventiva y la duración de su propio mandato.

La moción de censura castiga finalmente el “Luis sé fuerte” de Rajoy a Bárcenas,un SMS emitido en enero de 2013. Tal cosa no cambia para nada que en la primavera de 2018 el PSOE -y sus aliados nacionalistas- llevaran meses temiendo una fractura del sistema bipartidista, y las rentas del subsiguiente turnismo. Sobre un total de 350, su partido sigue teniendo 86 diputados, y la única tomadura de pelo sería ignorarlo.

Antonio Escohotado ( El Mundo )