CARTA DE UN CASPOSO AL SEÑOR MINISTRO

Excelentísimo señor ministro de Fomento, don José Luis Ábalos Meco:

Me dirijo a usted en mi calidad de casposo, de la que he sido informado por vuecencia. Todos los días se aprende algo. Yo soy uno de casi un millón de españoles -de ambos sexos, no se apure- que cazamos en nuestro país. Y yo también soy uno de la minoría dentro de ese millón. Porque yo soy un urbanita que, antes de juzgarla, se ha molestado en conocer una realidad que le era algo ajena.

La mayoría de los falsos ecologistas lanzan anatemas contra la caza creyendo que el campo español es una zona para montar en bicicleta o ir a zamparse una tortilla los fines de semana. Y no saben que el campo español tiene una riqueza excepcional en buena medida gracias a la caza. Porque quien más cuida la naturaleza es el cazador que da vida con comederos, bebederos y manteniendo un hábitat que correría grave riesgo sin el apoyo del hombre. Y gracias a la caza viven muchos oficios que se dedican a mantener ese campo: guías, guardas, perreros, muleros.

El próximo sábado, señor ministro, yo espero montear en la provincia de Toledo. En una finca en la que el año pasado hubo que cancelar la montería porque no había caza. Este año la perspectiva es muy otra. El terreno está mejor cuidado. Se ha incentivado la presencia de las reses invirtiendo dinero. Para ese día se han contratado rehalas que existen porque hay monterías, una modalidad de caza española.

Habrá postores, veterinario y carniceros. Se habrá contratado un taco para los monteros, lo que ayuda a la economía del pueblo colindante. Algunos habrán dormido en un hotel. Cada montero que esté en esa cita habrá pagado por hacer un examen y obtener una licencia de armas. Habrá pagado por la guía que debe acompañar el arma, por la licencia de caza de la comunidad autónoma en la que estaremos monteando. Y habremos pagado por un seguro. Hay que ver cómo fomenta el Estado la caspa. Friéndola a tasas.

España es un país en el que la caza es transversal. Nada tiene que ver con una clase social. Qué más quisiéramos que en España hubiera un millón de millonarios. Cualquiera que recorra un sábado los pueblos de amplias regiones de España verá batidas de caza saliendo al campo. Ésta es una tradición cultural que existe en todo el mundo. Y España es un país privilegiado porque tiene una oferta que mueve al hijo del presidente de los Estados Unidos a instalarse unos días en Aragón y cazar en rececho. No hay otro país en el mundo en el que un ministro insultaría a un visitante así.

Mi abuela Gabriela Maura, una de las grandes cazadoras españolas del siglo XX, vio una serpiente avanzando hacia nostros. Imperturbable, la agarró con sus manos enguantadas y la azotó contra un árbol hasta matarla. Después la hizo un nudo en una rama baja y durante el verano la vimos corromperse progresivamente. Al año siguiente, su esqueleto anudado testificaba el paso del tiempo, de la vida, de la muerte. Todo. Quede usted con Dios, señor ministro (con perdón). Yo me quedo con mi caspa.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )