CARTA DE UN CORONEL SOBRE EL RELEVO DE SÁNCHEZ CORBI

CON LA MANO ABIERTA

Cesar a alguien puede pretender un nuevo impulso para el funcionamiento de una organización, acometer la asignación de nuevos proyectos para el cesado, o corregir una falta de actitud o aptitud del destituido para el puesto que ocupa.

Quien ostenta la potestad de ordenar un cese actúa, presumiblemente, para conseguir un beneficio para la organización. Su decisión, aún en el uso de sus potestades, debe estar argumentada, bien fundamentada y fuera de toda arbitrariedad. Cesar sin motivos suficientes es darle una bofetada profesional a alguien sin merecerla, cesar al coronel jefe de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) careciendo de motivos es soltar una bofetada con la mano abierta, que suena más.

¿Cuáles son las razones para ordenar el cese del coronel Sánchez Corbí? ¿Son los resultados que está obteniendo la Unidad que dirige? ¿Ha incurrido en alguna infracción disciplinaria? ¿Cuáles son los verdaderos motivos? Quien dispone el cese debe exponer los motivos, su decisión no puede ser arbitraria, y dar al cesado la oportunidad de conocerlas e incluso rebatirlas.

Amor a la responsabilidad, ocupar los puestos de mayor riesgo y fatiga, no excusarse con males imaginarios o supuestos, no contentarse con hacer lo preciso de su deber … son expresiones conocidas en el mundo de la milicia que el coronel Sánchez Corbí aplica día a día en su función policial como guardia civil. Esto le hace gozar del respeto y de la plena confianza de sus subordinados, de sus compañeros y de sus jefes, que le envidiamos y le valoramos por su carisma, por su esfuerzo, por su profesionalidad, por su ejemplo, en definitiva, por su liderazgo. Pero en el Ministerio del Interior no se confía en él.

El coronel, asumiendo su responsabilidad y ejerciendo sus obligaciones, comunicó internamente y por los medios oficiales a sus subordinados que no había posibilidad de sufragar los costes que generan las actividades de investigación que van a cargo de los gastos reservados y, por tanto, para evitar consecuencias negativas, se abstuvieran temporalmente de llevarlas a cabo. Nunca ordenó cesar en ninguna investigación.

Una orden responsable y legítima de un coronel, que nunca debió haberse filtrado, podría haber sido ser el detonante de la pérdida de confianza. Curiosa conclusión, si así fuera, cuando parece más lógico desconfiar de quienes no han hecho su trabajo de apoyo para quienes cada día, cada noche, se esfuerzan en perseguir a presuntos delincuentes.

La disciplina se impone a los errores de los jefes, y la obediencia a quien ejerce legalmente la autoridad. No debe ser de otro modo. Pero admirar y seguir, seguimos a los líderes, seguimos al coronel Manuel Sánchez Corbí.

Joaquín Collado ( ABC )