Sra. Arrimadas:

Esta semana usted tendrá que dar explicaciones como veleta mayor de la formación política de Ciudadanos y se va a encontrar frente a la inutilidad y desvergüenza de su espejo. Mirar a otro lado y no dimitir hará que su prestigio quede hundido y, el respeto hacia usted como personaje público, sea nulo. Ni que decir tiene que, a partir de ahora, en todos los foros a los acuda será la diana de improperios y el imán del desprecio concentrado.

Lo último de un político digno es hacer una moción de censura al Gobierno del que forma parte, traicionar a sus compañeros, aliarse por egoísmo con el líder de la traición nacional, Pedro Sánchez, y querer negociar beneficios personales; máxime, sabiendo que su partido se ahoga y, en algunas partes del territorio nacional, se desangra. ¿Va a permitir también que Ciudadanos haga el ridículo sonado en Castilla y León?

Puedo prometer y prometo que nunca más volveré a respetar a un político como usted. Ha deshonrado la política con minúsculas y ‘asesinado’ la política de partido. Se rodeó de traidores en potencia, como Aguado, y de un sinfín de paniaguados, por lo que ahora no se extrañe si todos le dan la espalda (sociatas, incluidos) y le esputan a la cara, aunque sea en sentido figurado.

Ha demostrado que no cree en la política como arte de gobernar sirviendo a los demás y tampoco en la libertad. De la primera, ha intentado servirse de forma egoísta y chabacana. Y la segunda, aunque le cueste creerlo, sí existe y no sólo en la tierra de los sueños, como decía Friedrich.

Ahí tiene defendiendo la libertad con elegancia y ardor guerrero a la “Agustina de Aragón” madrileña. La política es tan bella como la vida, señora Arrimadas; sepa que es fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas. Es una verdad que Alejandro Dumas no dejaba de repetir.

Me siento traicionado, como se sienten defraudados los murcianos, los militantes de Ciudadanos, la población murciana, concejales y consejeros que formaban Gobierno en Murcia, región de ensueño. Dicen en mi tierra que, si los incompetentes volaran, no nos daría el sol.

Le aseguro que usted seguiría volando sin dejar pasar los rayos solares. Ha sido atrevida, pero engañada. Recuerde que, aun siendo ya tarde para usted, en política y en los negocios, la audacia es lo primero, lo segundo y lo tercero.

Ha actuado como el capitán Araña; es decir, embarca a los demás y usted se queda en tierra. ¡Márchese, señora Arrimadas!  ¡Márchese de la política cuanto antes!

Reciba un cordial saludo.

Jesús Salamanca Alonso ( El Correo de España )