CASA SÁNCHEZ

NO HAY mayor desprecio que no hacer aprecio. Lo peor no es que Pedro Sánchez haya ignorado a Felipe VI al iniciar sus contactos con los otros líderes políticos en la sede del Gobierno, lo realmente preocupante es que en Moncloa no fueran conscientes de que estaban haciendo algo mal.

Para el presidente que tiene el récord de gobernar con menos votos y menos escaños en toda la historia de la democracia es evidente que más votos y más escaños le dan el derecho a usar el palacio como su casa, Casa Sánchez. A un hombre nacido para ser presidente, que lo fue con 85 escaños, 123 le saben a mayoría absoluta.

Es el Rey el que tiene que proponer, tras unas elecciones, un candidato a presidente del Gobierno. Lo dice la Constitución y nos lo recordaba el pasado sábado Eduardo Álvarez en una columna en este periódico. Y me sopla alguno de los muñidores de los encuentros de Casado, Rivera e Iglesias con el jefe del Gobierno en funciones que también cayeron entonces en la cuenta de que recibirles en Moncloa es algo más que romper la tradición.

Cierto es que tras los comicios del pasado 28 de abril no hay otro candidato posible, creíble, que el actual presidente. ¿Y entonces? Es difícil pensar que el PSOE quiera volver a echar semillas a las aspiraciones republicanas que dejó en barbecho hace años. Nada tan intrincado y conspirativo. Es más sencillo.

No hay tiempo que perder en protocolos y símbolos, con la inminencia de otras elecciones, y simbólico es el papel de la Corona en este proceso. El soberbio subconsciente le ha podido al presidente. Contactos previos a la designación del candidato los ha habido y los habrá, son necesarios, pero siempre se han guardado las formas. Pero Sánchez en Moncloa está como Pedro por su casa (perdón por el chiste), es ya su territorio. 123 escaños pueden ser pocos, según se mire, pero suficientes para sentirse más propietario que okupa.

Mientras el lunes el presidente recibía a Casado, se presentaba en el Congreso el retrato oficial del Rey que ocupara un lugar principal en sus paredes. La Monarquía, sí, es símbolos y el jefe del Estado (artículo 56) es el símbolo de la unidad. Que sea él quien designe al candidato no es real, pero sí simbólico.

Saltarse el protocolo no es grave, lo grave es haber perdido tanto el norte que no se haya hecho a conciencia.Felipe VI se puede ahorrar la tradicional ronda de entrevistas en Zarzuela con los líderes de los partidos que han logrado representación parlamentaria. Que le pregunte a Sánchez.

Rafael Moyano ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor