Pablo Casado ha firmado con la traición su breve y cómica carrera política. Empezó apuntando maneras de cobarde en su almidonada estampa de donnadie ambicioso. Dotado para el halago y la zalamería al jefe, mostró siempre buen olfato y maña de trilero para la cucaña del poder.

Agusto se acomodó de mascota de Aznar. Cuando Josemari se disolvió en sus negocios y renegó de su delfín para convertirse en un un ninot de Cánovas del Castillo con melenita de pijo setentero, Pablo Casado se metió entre las perneras de los pantalones de Rajoy para regalarle al gallego las mismas cucamonas y los mismos ronroneos con los que aduló a Aznar.

No le fue mal con el gallego de alma poliédrica, de él aprendió la alquimia de la mentira, la artesanía de la impostura y la sastrería de la traición. La licenciatura y el master universitarios que su pereza intelectual aliñada con su ambición política le impidieron obtener clavando codos, los sudó a modo en el Patio de Monipodio de Rajoy.

No se pringó en gürteles ni en púnicas, pero no por decencia, ni por decoro ni por conciencia, sino porque en aquellas calendas Pablo Casado era todavía demasiado irrelevante como para que los forajidos del PP le ofreciesen el tocino del botín; solo era uno más de los perritos palaciegos que daban saltitos en el umbral del despacho de Rajoy; esas mascotas pequeñas y livianas que se apartan con un indolente golpe de tobillo.

Le rodaron bien los dados y, contra todo pronóstico, derrotó a las pretorianas de Rajoy en las primarias del PP cuando socialistas, comunistas y separatistas llenaron de chapapote la moción de censura que acabó con Rajoy, borracho y solo, entre basura y orinales viejos, en el vertedero de Historia.

Le amaneció VOX por la derecha y preso de rabia y moquillo, virus mortales de los perros, se volvió con furia de chapero despechado, contra los aliados naturales de los votantes del PP.

En la moción de censura contra la pandemia socialcomunista y separatista, Pablo Casado ha rebozado en la traición su miedo a VOX y los freudianos complejos que le provoca Santiago Abascal y, en vez de formar junto a ellos frente a un gobierno indecente, tóxico y disolvente, ha preferido colocar al PP de chapero de socialistas, comunistas y separatistas.

Siempre necesitaste un amo, Casado. Primero te paseó Aznar, después te sacó a hacer caquitas Rajoy. Ahora te echará Sánchez las bolitas de pienso en el comedero de la traición.

Ojalá se te atraganten en el comedero de las urnas.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )