CASADO: UN PP LLENO DE FUTURO

Pablo Casado ha conformado una nueva dirección popular sólida e integradora, pero, sobre todo, con la que se busca la unidad de propósito. Y esto es así, porque en demasiadas ocasiones los partidos políticos se fracturan internamente cuando se pretende hacer pasar por «corrientes de opinión» lo que no son más que personalismos.

Pero un repaso somero al nuevo Comité Ejecutivo demuestra que el nuevo presidente popular ha cumplido con sus promesas de campaña y, sin duda, ha contado para la nueva etapa política a la que se enfrenta con dirigentes que apoyaron otras candidaturas, especialmente la de María Dolores de Cospedal, pero de cuya valía profesional y compromiso con el partido no cabe dudar.

Si algún reproche cabe, no es a Pablo Casado a quien hay que hacérselo. La actitud de Soraya Sáenz de Santamaría, que, incluso, se negó a asistir a la reunión del Comité Ejecutivo en Barcelona, puede entenderse desde un punto de vista personal, pero no contribuye en nada al fortalecimiento del PP. Aun así, hasta diez conocidos militantes que se destacaron en el apoyo a la exvicepresidenta del Gobierno, como la alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra; Marimar Blanco o Carlos Iturgaiz se han integrado con normalidad en el nuevo organigrama.

Por supuesto, Pablo Casado ha escogido para el núcleo fuerte a quienes han sido sus más estrechos colaboradores en la difícil campaña de la primarias, casos del nuevo secretario general, Teodoro García Egea, y de Javier Maroto, vicesecretario general; pero, con ellos, ha nombrado a Dolors Monserrat, con una trayectoria muy vinculada a Cospedal, portavoz popular en el Congreso, que es una de las funciones políticas de mayor relevancia. En definitiva, en Barcelona hemos asistido a algo tan natural como la sucesión ordenada y mediante urnas de un presidente de partido y al consecuente nombramiento de un nuevo equipo.

Como en toda obra humana, es imposible contentar a todo el mundo, pero mucho menos a quienes, desde otros grupos políticos, se han apresurado a poner etiquetas, que la trayectoria vital de los nuevos dirigentes desmienten, y ahondar en supuestas diferencias internas, que, en todo caso, serían agravios personales de unos pocos. Lo que importa es que el Partido Popular ha concluido el proceso de renovación que las circunstancias imponían, comenzando por la dimisión de su anterior presidente, Mariano Rajoy, que lo ha hecho con la participación directa de sus militantes y que el resultado es una formación reforzada, unida en torno a su nuevo líder y a una concepción liberal de la sociedad, en la que prima la defensa de los derechos individuales, y con el objetivo de recuperar el terreno electoral perdido.

Los meses venideros permitirán análisis y planteamientos sobre el acento y el estilo que marque la nueva dirección, pero, esencialmente, el Partido Popular seguirá respondiendo a la gran mayoría de los votantes que se reclaman de un centroderecha moderado y de raíz occidental, y que viven con preocupación la amenaza a la unidad de España que representa el separatismo catalán y temen, con razón, la reedición de las políticas populistas de la izquierda que llevaron a la economía española a su peor momento de crisis.

En este sentido, el nuevo presidente popular dejó ayer muy claro cuáles son sus prioridades: la defensa de la Constitución en Cataluña, para lo que planteará dos iniciativas parlamentarias que rearmen al Estado, la igualdad real de los españoles y mantener la senda de crecimiento impulsada por el Gobierno de Rajoy, hoy amenazada por las propuestas socialistas de incremento de la deuda pública y de la presión impositiva. El Partido Popular, sin renunciar al caudal del pasado, es un partido pleno de futuro.

La Razón

viñeta de Linda Galmor