Desde el 23 de abril el ministro de Universidades no da una rueda de prensa. En realidad desde su aparición en camiseta en el pleno del Senado el 5 de marzo Manuel Castells ha pasado desapercibido, reforzando la idea de que su ministerio es un capricho para que Iglesias contentara a Ada Colau, que es la patrona política y que quería parte del pastel que a Podemos le tocaba en el pacto de Gobierno con Sánchez.

Para ello, y como había que salvar a Pedro Duque, hubo que desgajar el anterior Ministerio de Universidades, Ciencia e Innovación, de tal forma que el astronauta de San Blas pasaba a ser solo ministro de Ciencia e Innovación, si bien lo único innovador es que en vez de un ministro hay dos para lo mismo, lo que supone la multiplicación del número de asesores (cinco) y consejeros técnicos (tres).

Más notable fue el caso del antiguo Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, que llevaba ella solita María Luisa Carcedo y que se desgajó en tres: uno fue para Illa, que ahora estará pensando «en mala hora…»; otro para Garzón, tan desaparecido como Castells si no fuera porque se entretiene insultando a la Corona; y el tercero para Iglesias, que con algo había que vestir su vicepresidencia.

Y ahora vuelvan a multiplicar por tres el número de asesores (cinco por barba) y consejeros (otros tres). Resultado de la operación: el Gobierno de Pedro y Pablo le cuesta a los españoles más de 75 millones al año en altos cargos y asesores. Es casi un 30 por ciento más de lo que gastaba el último Ejecutivo de Rajoy.

Ayer Castells tenía que haber reaparecido tras su prolongada evaporación sin aparente motivo. No fue así y horas antes de reunirse con la Comisión Delegada de la Conferencia General de Política Universitaria anunció que le habían operado el viernes y que hasta el jueves que nadie cuente con él. En realidad, con Castells no cuenta nadie desde enero porque él mismo se ha dedicado a que así sea. Hablamos de un auténtico cero a la izquierda en gestión.

Ni trabaja y ni se entretiene en ocultarlo. Como tampoco ha tapado que quiere el derecho de autodeterminación para Cataluña o que el juicio a los golpistas del 1-O en el Supremo fue «una tremenda injusticia que será recordada en la historia y manchará por mucho tiempo la credibilidad democrática de nuestro país».

Firmado, un señor de Albacete. Así que casi mejor que siga desaparecido.

Total, cinco meses después el plan que ha elaborado contra el Covid en la Universidad es «todo el mundo con mascarilla y ventilar mucho».

Álvaro Martínez ( ABC )