En su afán por aumentar el agravio ideológico como seña de identidad, el Gobierno se dispone a adoptar medidas tan sorprendentes como castigar en su jubilación a las madres de las familias numerosas, para privilegiar a aquellas otras que solo tuvieron un hijo o a las que apenas cotizaron.

Lo que las primeras dejen de cobrar por haber sostenido durante años a tres o más hijos compaginando su vida laboral con la familiar, se usará para extender el complemento de maternidad a las madres con un solo vástago.

Nadie niega el derecho de todas a ser bonificadas en la jubilación por su esfuerzo en el cuidado de los hijos, fueran los que fueran.

Pero este Gobierno hace un roto a la proporcionalidad y a la justicia. De nuevo salta por los aires otra pieza más del escudo social, ese burdo eufemismo que vuelve a poner de manifiesto que de lo que se trata es de derogar derechos consolidados y, sobre todo, de seguir manipulando al ciudadano con el soniquete de que ‘nadie quedará atrás’.

ABC