CASTILLOS EN EL AIRE

Una entrevista sin contrarréplicas, no es entrevista. Es un paseo triunfal del entrevistado, que puede decir lo que le da la gana sin temor a ser rebatido. Nuestro rico refranero lo acoge como «Así se las ponían a Fernando VII», referido a las bolas para hacer carambolas que le disponían sus cortesanos.

Pedro Sánchez pudo así pintar el cuadro más amable y plácido de España en la televisión estatal, y hasta darse el gustazo de justificar sus contradicciones, empezando por su cambio de opinión sobre Pablo Iglesias. «En política, como en la vida, la realidad va por delante de los deseos, y la realidad la fijan los ciudadanos, que en las elecciones dijeron que querían una coalición progresista.

Así lo entendí y acepté. Ojala lo hicieran otros y no bloquear», dijo refiriéndose al PP, al que atacó una y otra vez. Pero resulta que ni Iglesias, ni Junqueras, ni Puigdemont, ni Torra han cambiado. El único que ha cambiado es él. También el refranero lo describe: «Donde dije digo, digo Diego». ¿Gana así prestigio crédito, confianza un gobierno? Más bien los pierde.

Aunque la entrevista no fue una total pérdida de tiempo. «Antes se coge a un mentiroso que a un cojo» (con el refranero ando yo hoy) y nos dejó una cuantas perlas que confirman la naturaleza del personaje. Para empezar, el encuentro que va a tener con Torra -pese a encontrarse éste inhabilitado- en Barcelona, antes incluso que la «mesa» apalabrada con ERC.

Confirmando la actitud servil y lacayuna que ha adoptado con los separatistas de todos los colores. Aunque más grave aún es que nos confirmó que habrá referéndum sobre lo que acuerden, sólo entre catalanes, lo que viola no sé cuántos artículos de la Constitución.

Sólo que le llaman «consulta», como cuando se va al médico por cualquier mal. Y no contento con eso, hizo alarde de los beneficios que su gobierno progresista trae a los españoles: la subida del salario mínimo interprofesional, del sueldo de los funcionarios, el saneamiento de las pensiones, de la sanidad, la enseñanza, etc, sin decirnos cómo vamos a pagarlo, tras advertirnos el FMI que nuestra economía se ralentiza y Bruselas, que no le permitirá elevar el techo de deuda mientras no presente el nuevo presupuesto.

Para resumir: wishful thinking, dar los sueños por realidades, que también tiene cabida en el refranero español: castillos en el aire, mentiras a trochemoche. Me recuerda el debate entre Pedro Solbes y Manuel Pizarro, en el que el vicepresidente de Zapatero se hartó de despreciar a un Pizarro que anunciaba lo que se nos venía encima y terminó en un 26 por ciento de paro, sin tener luego la decencia de disculparse.

En realidad, Sánchez es Zapatero con la diferencia de que aquél creía las necedades que decía y Sánchez, sólo la que le conviene en cada momento, al igualar su política verdad y mentira. ¡Qué gran vendedor de crecepelo sería! O será.

José María Carrascal ( ABC )