CASTILLOS EN ESPAÑA

Puede extrañarles, pero pocas cosas me agradarían más que Pedro Sánchez tuviera éxito con su plan de «desescalada». No por caerme simpático, sino por simple egoísmo, que extiendo a todos los españoles: sortear en dos meses, que es su duración, las dos grandes crisis que amenazan el país, la sanitaria y la económica, sería impresionante y, de conseguirlo, el 30 de junio me romperé las manos aplaudiendo. Desgraciadamente, no creo que ocurra.

Ocho semanas no bastan para tal proeza, al no darse las condiciones. Para frenar la pandemia se necesita más tiempo y más tests. Aquí se han hecho pocos y malos. El que puede ser bueno, el de las 36.000 familias, no empieza hasta la semana que viene y tendrá una segunda vuelta en dos semanas, lo que significa que hasta finales de mayo no tendremos datos fidedignos de los infectados.

Sólo entonces podrá empezar a combatírsela eficazmente. Y pasarán meses antes de frenarla. Pero hay otro escollo aún más difícil de salvar: el desconfinamiento, o autorización para recobrar la plena facultad de moverse y operar, va a ser escalonado y proporcional al grado que se haya liberado del virus, es decir que mientras un territorio puede tener plena libertad de ambas cosas, el de al lado puede seguir sometido a todas las restricciones del Estado de alarma.

Reservándose el gobierno la última palabra sobre ello, aunque habiendo dado a las comunidades poderes para desarrollarlo. ¿Se imaginan ustedes la que va a armarse cuando una provincia, un municipio o una simple comarca vea que los de al lado ya se mueven y actúan a su antojo y ellos, no? ¡Buenos somos los españoles para tolerar ser menos que el vecino!

Empieza ya a haber piques sobre ello, como se ve en las escuálidas, pero caldeadas sesiones del Congreso y del Senado, donde se dispara a dar, siendo el gobierno el blanco preferido. Son más los que le critican que los que le defienden, habiéndose negado algunos a asistir.

No sólo por cuestión de orgullo, sino porque el nacionalismo envenena la polémica: los gobiernos vasco y catalán acusan al central de estar usando el virus para privarles de sus competencias y de «renacionalizar» España. ¡Ya lo quisiéramos quienes nos sentimos españoles! Pero no nos caerá esa breva, al menos de momento.

Pedro Sánchez hace lo que viene haciendo desde que se declaró la pandemia y perdió la oportunidad de cortarla de raíz: reacciona tarde y mal a los desafíos, al confundir sus intereses con los de España. Los ingleses tienen una expresión que lo clava wishfull thinking, confundir los deseos con la realidad.

Más literario es Build castles in the air, Construir castillos en el aire, que, curiosamente, en otra versión, se refiere a nuestro país: Build castles in Spain, Construir castillos en España, o presumir de tenerlos, aunque sea un apartamento.

Para nuestro presidente de gobierno, y sus asesores, se trata, sencillamente, de creerse sus propias mentiras, como estamos viendo y oyendo. Dos veces al día. Encima.

José María Carrascal ( ABC )