La vicepresidenta del gobierno autonómico valenciano, la catalanista Mónica Oltra,  ha sido recientemente imputada por ser la presunta encubridora de los abusos a una menor perpetrados por el “educador social” con el que ella compartía tálamo conyugal.

Los indicios que observa el Tribunal, que apunta la Fiscalía,  se refieren a los cinco largos años en que la imputada habría urdido una trama con funcionarios de la Consejería de Igualdad –también imputados- que ella dirigía para blindar su cargo y para destruir moral y laboralmente a la joven abusada por su ex marido cuando la víctima tenía 14 años y era una menor bajo la tutela de la Consejería de Igualdad dirigida por Mónica Oltra.

No obstante mucho cuidadito con las esperanzas que muchos tenemos en que Mónica Oltra sea condenada y la gestión sobre los menores tutelados a su cargo -1500- sea desarticulada. Y es que siendo admirable la labor pertinaz y valiente de la periodista Cristina Seguí, que es la que ha llevado a Oltra y sus subordinados al Tribunal Superior de Justicia de Valencia; la que ha recaudo fondos; la que ha sufrido las amenazas; la que es ahora silenciada por todos los medios de comunicación de masas por su postura –que yo comparto- acerca de la timovacuna Covid …

Siendo admirable la labor de Cristina Seguí, repito, la ÚNICA que ha empujado hacia adelante este proceso cuando los partidos políticos de la derecha que hoy se pasean por las tertulias poniéndose la medallita estaban agazapados…

Siendo admirable la labor solitaria y leonina de Cristina Seguí, Mónica Oltra no ha sido enjuiciada ni condenada todavía.

Y aunque sepamos, y yo que soy valenciano y lo sé sobradamente, que Mónica Oltra es la repugnancia política personificada, podría ser declarada inocente. Podría serlo. Ese “podría” nos estremece el alma, ya lo sé. Pero la “verdad judicial” tendría que ser “respetada y amparada”, como dicen los cursis.  Y esa “verdad judicial” que podría carcomernos el alma no es la verdad real, ni la objetiva, ni la material.

Pero habría que acatarla. Y entonces la parafernalia de esa termita catalanista, antiespañola, hispanicida que es el partido “Compromis”, en el que milita Oltra, lanzaría a los cuatro vientos que está limpio y pulcro en el juego democrático pues la “verdad judicial” así lo ha dictaminado.

Esta atmósfera pútrida que esperemos no se produzca, donde el criminal sacaría pecho por su inmunidad, sería el resultado de tener un régimen de partidos como el actual, donde partidos que en sus Estatutos contemplan el derecho de autodeterminación de regiones de España no son ilegalizadas; donde fuerzas que promueven convertir el Reino de Valencia en sucursal de una entelequia llamada “Países Catalanes” no son desmantelados.

Todos anhelamos una sentencia condenatoria pero no caigamos en la trampa que muchos, desde la derecha, están utilizando para blanquear al Partido Popular y más concretamente al ex presidente valenciano Francisco Camps. Con razón más que evidente dicen, desde la derecha, que Mónica Oltra debería dimitir al haber exigido ella semejante conducta al ex presidente valenciano Francisco Camps cuando éste fue imputado por “dos trajes” – no es exactamente así-. Tienen toda la razón.

Y es que, si bien es cierto que Camps como la difunta alcaldesa de Valencia Rita Barberá fueron perseguidos y “escracheados” por las hordas de Mónica Oltra ante asuntos de presunta corrupción que en nada o en poco acabaron y que no tienen nada que ver con la mucho más asquerosa corrupción, la de menores, que hoy planea sobre Compromís…Si bien es cierto todo eso, no deberían olvidar las derechas que blanquean al PP valenciano que la primera y más grande corrupción de este partido no fue la económica sino la ideológica –de la que nada se habla-.

Fue el PP valenciano el que durante 20 años de gobiernos autonómicos con prominentes mayorías absolutas inauguradas por Eduardo Zaplana, dejo las aulas de la región valenciana en manos de los comisarios de la izquierda catalanista; el que autorizó libros de texto que convertían al histórico Reino de Valencia en “País Valenciano”, en heredero de una “confederación catalano-aragonesa”, en parte de los “Países catalanes”.

Fue el PP el que instauró un ente lingüístico todopoderoso llamado “Academia Valenciana de la Lengua” que desde 2001 ha oficializado en las aulas y en la administración el catalán, convirtiendo el idioma valenciano –dotado de un siglo de oro literario en el XV- en un irreconocible engendro catalanizado.

Fue el PP el que no contentó con catalanizar las aulas y la administración mantuvo hasta 2011 los repetidores ilegales de la TV3 de Pujol y Artur Mas. Fue el PP el que reformó en 2006 el Estatuto de autonomía valenciano definiendo nuestra región como “nacionalidad histórica”, reconociendo el concepto pancatalista de “País Valenciano” y atribuyendo a la Generalidad valenciana competencias tan lesivas para la igualdad y unidad de los españoles cómo relaciones exteriores o “violencia de género”.

Fue el que subvencionó organizaciones catalanistas como “Escola valenciana” para imponer en las escuelas la “inmersión lingüística” y talleres de adoctrinamiento a los niños.

El sistema bipartidista corrupto, y sus terminales mediáticas lacayas, suelen aprovechar las maldades peores de unos para lavar la imagen siniestra de otros, para victimizarlos y para acabar favoreciendo, de nuevo, que las opciones que han provocado la fragmentación y la división de España como el PP, sean elevadas a los altares del “mal menor” o el “voto útil”.

El partido Compromis y su líder Mónica Oltra son repulsivos, dictamine lo que dictamine el TSJCV sobre el escándalo de los abusos, que ojalá sea una condena contra Oltra y sus esbirros. Pero la maldad de Compromis no convierte en bueno ni inmaculado al PP pues su corrupción, la ideológica, la de ceder la hegemonía a la izquierda catalanista, llevó a implantar un descarado catalanismo hispanicida del que en 2015 se aprovechó Monica Oltra para tomar el poder y ejercerlo de modo perverso.

No olviden que Oltra y Compromis están en el poder rompiendo inocencias infantiles gracias al PP.

José Miguel Perez ( El Correo de España )