CATALUÑA: 32.000 MILLONES MENOS

La disminución de depósitos en las entidades financieras con sede en Cataluña ha superado en un año la cifra de 32.000 millones de euros. Cerca de 4.000 empresas han abandonado la región catalana y, aunque se disimulen o disminuyan los datos reales, la situación es la que es. El pueblo todavía no ha sufrido de forma relevante la catástrofe, aunque solo pasarán unos años para que sientan en sus carnes el precio de las veleidades secesionistas. Barcelona era, por otra parte, la ciudad que podía haber concentrado el beneficio del Brexit. Lucro cesante.

El rechazo al herrumbroso Torra, el desdén por el trilero Puigdemont y la incertidumbre política, han producido aversión insalvable en no pocas entidades empresariales internacionales de grueso calibre. Además, la alarma en el mundo de la pequeña y la mediana empresa se ha generalizado y son muchos los que tiemblan ante un futuro incierto, gobernado a distancia por el expresidente prófugo y felón, cada día más hostigado incluso desde sus propias filas.

La pirueta secesionista ha hecho mucho daño a Cataluña, pero sobre todo ha fragilizado hasta la náusea la imagen de España. Desde 1978, nuestra nación era espejo de democracia pluralista. Esa imagen, que nos instalaba en el concierto internacional como ejemplo a seguir, se ha fracturado en mil pedazos. Y tiene muy difícil reconstrucción. De forma paralela, el nuevo Gobierno, surgido de una mustia moción de censura, ha decidido prosperar en las próximas elecciones multiplicando el gasto público.

El despilfarro correrá a cargo de una subida galopante de impuestos. El Gobierno Sánchez aspira a ganar las nuevas elecciones y cree que para eso es necesario financiar a los más diversos sectores electoreros. “Subir los impuestos y gastar más”, ha resumido el Financial Times la política económica de Sánchez, zarandeado por las exigencias de Pablo Iglesias, que controla 91 de los 180 escaños que respaldan al PSOE sanchista.

Por otra parte, no es verdad que a más impuestos, más recaudación. Si se traspasan ciertos límites, se produce el efecto contrario. La realidad es que a menores impuestos y a más empresas con beneficios, mayor recaudación. Algunos de los que rodean a Sánchez lo saben, pero callan porque el actual Gobierno juega a corto plazo y lo que pretende es salir airoso de unas elecciones que llaman a la puerta.

Luis María Anson ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor