CATALUÑA, LABORATORIO DEL CAOS

No sé si España es una nación más débil que otras de nuestro entorno o si nuestros gobernantes carecen de la categoría política y humana necesaria para saber enfrentar la situación que vivimos, pero una de estas dos afirmaciones es cierta.

Lo de la calidad política de la ciudadanía también sería un elemento a considerar en esta maléfica ecuación,  pero ése no es un asunto que tenga remedio a estas alturas  porque el mestizaje de pueblos que nos invadieron lo largo de la historia nos aportó  un gen de locura que en ocasiones se manifiesta en la genialidad de los artistas y otras veces en la necedad de los ignorantes.

El Director de cine Peter Weir ha dicho que España le recuerda a “La caída del imperio romano”, y más que una metáfora ocurrente de un artista imaginativo, lo que ha hecho ha sido una descripción realista de lo que sucede en un país que cada día se respeta menos a si mismo porque libremente elige a gobernantes corruptos, irresponsables o mediocres mientras una mitad de la sociedad etiqueta de forma despectiva a sus conciudadanos.

Roma arde por los cuatro costados y  cuando hablo de Roma no me refiero a Barcelona – ¡ya les gustaría! – sino a la imagen de un Nerón tocando la lira mientras arde la ciudad que él mismo ha ordenado incendiar.

Hace unos días una amiga me dijo que,  entre las palabras que escribo,  notaba la tristeza que siente mi alma por lo que sucede en Cataluña y la saque de su error,  porque lo que siento es un inmenso cabreo aderezado con grandes dosis de desprecio por los gobernantes de Cataluña y de Madrid,  y una gran solidaridad con la gente de bien que allí soporta el acoso y la violencia de los delincuentes encapuchados que, en connivencia con sus colegas de corbata, han convertido  las cuatro provincias catalanas en un laboratorio del caos.

Pero eso no es óbice para que  el ministro del interior, acostumbrado a comer hamburguesas mientras “Arde París”, recomiende a los turistas que no dejen de visitar estos días Barcelona a pesar de que los gobiernos de los Estados Unidos, Inglaterra y Francia lo desaconsejan.

Ése  es el nivel en el que nos movemos, entre un gobierno acomplejado y otro que se ha echado al monte.

¿Qué más se puede esperar de una parte de la  ciudadanía que vota a inútiles, tolera a delincuentes y practica la violencia, y de unos gobernantes que incumplen las leyes o permiten que se incumplan?

No sé lo que sucederá si las cosas siguen así,  pero si ganan los violentes al día siguiente habrá una noche de los cuchillos largos entre las distintas facciones  del independentismo, porque los que se han unido en Cataluña para romper con España se odian  hasta el infinito.

Lo que no me quiero perder son las crónicas de los periodistas  que cuenten ese día el resultado del caos, porque son los mismos que a día de hoy sólo ven fascistas en el resto de España pero no en el gobierno de la Generalitat  y entre quienes portan las esteladas.

Diego Armario