UN CATETO, UN TONTO Y UN CAGANET

La ironía es una forma de inteligencia que les ha sido vedada a los totalitarios y por eso andan mosqueados los  seguidores del caganet gerundense porque en un tuit lo han bautizado  como “pig demon”, es decir  “ el cerdo demonio” , y en otro  le recuerdan a los alemanes que quedarse con este personaje solo les acarrearía  desgracias, porque su selección ha sido eliminada en la primera ronda del mundial de fútbol.

Cuando no hay de dónde sacar no es posible encontrar un mínimo sentido del humor y mucho menos entre gente que se viste con el color de la mala suerte, organiza procesiones fantasmas y clava cruces en las playas al estilo de KKK en las noches de Tennessee,

Menos mal que cuentan – para poder sonreír de vez en cuando –  con Gabriel Rufián, un charnego  acomplejado y bastante cateto que imita a Forrest Gump ,solamente en la forma de vestir, porque en la inteligencia no le alcanza.

Pero hay más porque después del casting fallido entre personajes procesados por supuestos delitos  de apropiación y malversación de dinero público para gastárselo en sus fiestas y aquelarres, los tristes de esta historia bufa  eligieron al más tonto del pueblo para presidir una Generalitat que en vez de un gobierno a lo más que se asemeja es a un club de vacas locas.

El tal Quin Torra es la constatación irrefutable de que en política cualquiera puede llegar a lo más alto de escalafón, como ya ocurrió con  el Pig demon.  Solo basta con que los más listos se hagan a un lado mientras le parten la cara al tonto del pueblo, que es el que les calienta el sillón a la espera de que pase la tormenta.

Torra tiene una mente programada para hacer su papel, pero cuando necesita beber agua se le obliga que no debe aplaudir el himno de España como hizo el otro día en Gerona en presencia del Rey, que como jefe del estado es el único que en mi opinión está manteniendo un cierto nivel de dignidad en esta situación caracterizada por ausencia de actitudes  dignas entre los que pretenden andar sobre las aguas turbias de la política sin salpicarse.

Esta historia que ha empezado ya a convertirse en un ridículo internacional porque están exportando, incluso a los Estados Unidos, sus carnavales amarillos creyendo que en foros de discusión organizados por gente de un nivel intelectual y académico reconocido, pueden montar el pollo y cantar el Segadors como si estuviesen en su pueblo.

Si hubieran avisado a tiempo habrían conseguido un teatro para hacer su show, al que no habría faltado un público entregado al esperpento.

¿Qué han hecho los catalanes para merecer esto?

Yo creo que incluso los independentistas deberían protestar en alguna ventanilla para pedir que les cambien a los actores porque son de muy baja calidad  y en vez de  ” hacer país”, como le gustaba decir a Jordi Pujol,  hacen el ridículo.

Diego Armario