CELEBRAR LA MUERTE

Ayer por la noche me cruce con fantasmas, muertos vivientes, monstruos que no daban miedo y gente entradita en años o en carnes  que marcaban paquete o lucían piernas y escotes con alguna huella de sangre pintada.

Todos parecían felices o al menos intentaban serlo porque lo que celebraban era una fiesta importada, y a veces impostada, que  resta importancia y dramatismo  a uno de los dos únicos hechos inevitables a los que se enfrenta el ser humano: la muerte .

En la calle vi a mucha chavalería a la que tal vez nadie le ha explicado el significado de esta  celebración que en algunos sitios tiene un carácter religioso y en otros muchos es una fiesta pagana, aunque en todo caso lo que pretende es recordarnos a quienes se fueron.

Me parece bien que, sin ningún dramatismo,  se asuma incluso desde pequeños esa realidad incontestable que antes o después aparece en nuestras vidas llevándose de nuestro lado a gente a la que queremos,  y nos recuerda que todos estamos en la lista de espera para cuando nos llegue ese momento.

Este año se han ido unos cuantos amigos míos y cuando me da por pensar en ellos soy incapaz de imaginármelos,  a pesar de que acostumbramos a decir que ya descansan en paz, como si alguien hubiera regresado para contarnos qué es lo que hay más allá de esa línea de no retorno detrás de la cual desaparecen.

Cada uno tiene su idea pero nadie posee la  certeza de lo que sucede cuando un amigo se va, y tal vez por esa razón participamos de esas tradiciones fúnebres y fiestas religiosas o paganas como único consuelo ante el vacío del misterio.

Lo más razonable es agarrarse a la vida mientras nos dure porque cuando se acabe no tendremos una nueva oportunidad de hacer el bien, dar un abrazo, un beso o  pedir perdón por aquella putada que un día le hicimos a alguien.

Yo creo que el cielo y el infierno, metafóricamente hablando, están aquí, porque los momentos de felicidad que a veces disfrutamos y recordamos son lo más parecido a lo que nos prometen en otra vida ,  mientras que  los instantes de dolor y desesperación  que a algunos les hacen desear la muerte se deben acercar mucho al infierno de Dante.

Conozco a gente que dice que le gustaría acabar y a otros que les horroriza la idea de desaparecer, pero la vida es tan caprichosa que. como dice la tradición, a veces se van los mejores y aquí se quedan los mayores…hijos de puta, que son los que nos garantizan que conozcamos el infierno en esta vida.

Diego Armario