El pasado día 14, un día que, además de no ser conmemorativo de nada, si los españoles fuésemos realmente conscientes de nuestra historia deberíamos olvidar o como mucho recordarlo para no volver a caer en el mismo error, el chuletilla de la Moncloa se sirvió hacer una apología descarada de ese “sendero luminoso” que, según sus iletradas frases, dejó tras de sí el más oscuro y liberticida periodo de nuestra historia reciente: la II República.

Era digno -más bien indigno- de ver como los palmeros socialistas y demás ralea de comunistas, golpistas, filoterroristas, perroflautas, separatistas, manteros, etc., se entregaban con fruición al emocionado aplauso para premiar, cual brillante faena taurina, la verborrea burda y facilona del moncloita, un tipo que parece olvidar que vivimos en una monarquía parlamentaria a cuya cabeza visible, el Rey, es a la que el tipo este juró lealtad y fidelidad.

Cabe ahora esperar que el próximo 18 de julio, fecha en la que se cumplirá el 85º aniversario del glorioso Alzamiento Nacional, este mismo personaje tribute, con mucha más razón, un homenaje de emocionada evocación y recuerdo a fecha tan significativa y señalada.

¿Qué si estoy loco? En absoluto o, como dicen ahora, para nada, ya que realmente, si nos atenemos a la verdad histórica, habría muchísimos más motivos para este homenaje de recuerdo que para el que hizo el moncloita el pasado miércoles.

Me explico. De entrada, existen ciertos paralelismos, salvando obviamente las distancias y sobre todos los resultados, entre la génesis de ambas fechas.

A esta izquierda y ultraizquierda, se les llena la boca argumentando que lo sucedido el 18 de julio fue fruto de un golpe militar. Sin duda así fue. Media España, harta ya de ser vilmente masacrada, privada de libertades y perseguida a muerte, se levantó contra la otra mitad lo que, desgraciadamente, nos condujo a una guerra civil.

Pero, aquel 14 de abril de 1931, ¿cómo se gestó? Pues ni más ni menos que partiendo de una conspiración, dos intentos de levantamiento militar y un golpe de Estado civil.

La conspiración, de carácter cívico-miliar, comenzó a gestarse, en agosto de 1930, en lo que se llamó el pacto de San Sebastián fruto del cual surgió el Comité Revolucionario Nacional que sería el encargado, valiéndose incluso de los sectores afines del Ejército, para derrocar la monarquía.

La fecha fijada para asestar el golpe definitivo al régimen monárquico se fijó para el 15 de diciembre siguiente, fecha en la que se convocaría una huelga general y los militares afines se sublevarían en las guarniciones que pudiesen controlar.

Siguiendo estas consignas, el 12 de diciembre, tres días antes de la fecha prevista, los Capitanes de Infantería Fermín Galán y Miguel García Hernández, ambos destinados en el Regimiento Galicia nº 19, sublevan a la guarnición en Jaca contra el poder legalmente establecido, proclamando de forma unilateral la República.

Su bando revolucionario no deja lugar a dudas: “Como Delegado del Comité Revolucionario Nacional, a todos los habitantes de esta Ciudad y Demarcación hago saber: Artículo único. Aquel que se oponga de palabra o por escrito, que conspire o haga armas contra la República naciente será fusilado sin formación de causa”.

Sin embargo, aquel golpe de Estado no triunfó al ser reprimido por las fuerzas gubernamentales. Esto no fue óbice para que tres días después se iniciase la huelga revolucionaria que produjo graves alteraciones del orden, como el asalto a la Comisaría de Policía de San Sebastián, que se saldó con la muerte de un Sargento y un Guardia del Cuerpo de Seguridad, y la sublevación del Aeródromo Militar de Cuatro Vientos que tampoco logró su objetivo.

Pese a que estas intentonas no cuajaron, dieron paso a un periplo de cuatro meses en los que se sucederían las huelgas y algaradas hasta llegar a las elecciones municipales de abril de 1931 que, en las ciudades dan la victoria a las candidaturas republicanas, aunque no en el cómputo general del censo electoral. Y así, sin esperar siquiera a conocer el resultado final de las elecciones, de forma unilateral, con una dejación total de funciones por parte de la Corona, se proclama la República.

A partir de aquí, cinco largos años en los que la libertad -religiosa, ideológica, de expresión- se ve cercenada hasta el punto de que, pese a ganar en 1933 las elecciones legislativas las derechas, no se le permite gobernar. Incluso, al año siguiente, la izquierda -socialistas y comunistas, además de otros partidos separatistas- propician un golpe de Estado, esta vez contra la misma República, en Asturias, en tanto que Cataluña se declara Estado independiente.

Y así, hasta febrero de 1936 en que, a través de unas elecciones fraudulentas -el característico pucherazo al que la izquierda está abonado-, irrumpe el llamado frente popular, formado por los mismos que nos gobiernan hoy, y la situación de bolcheviquismo irredento nos conduce, por culpa de comunistas, socialistas y demás ralea, a la guerra civil.

De esta forma, si consideramos que el 18 de julio tiene su origen, como así fue, en un golpe militar, tendría, en cualquier caso, la misma legitimidad que el dado por aquel Comité Revolucionario el 14 de abril de 1931, en el que, sirviéndose de unas elecciones municipales que ni tan siquiera ganaron, dan un golpe de Estado contra el Régimen monárquico, proclamando la República.

Sin embargo, efectivamente hay diferencias muy notables entre una y otra fecha. La primera es que, si el 14 de abril, sirvió para que la izquierda y ultraizquierda, antiespañola y anticlerical, alcanzaran el poder, el 18 de julio sirvió, afortunadamente, para desalojarlos

Además de esto, aquello de 1931 nos condujo finalmente a la guerra civil, mientras que lo del 18 de julio permitió que España se convirtiese en uno de los países más desarrollados del mundo y, encima, en 1978, nos abrió el camino a la democracia.

No debemos olvidar que aquello de 1931 nació viciado ya que la izquierda y ultraizquierda estaban convencidas, en su pertinaz ignorancia que persiste hoy en día, de que un régimen republicano debería de estar, exclusivamente, en manos de sus ideologías, excluyentes y caducas,  no teniendo posibilidad de cabida otros que nos pensasen como ellos.

De esta forma, el régimen republicano, el que tanto jaleó el señor de la Moncloa el otro día, nacido de conspiraciones, golpes militares, algaradas callejeras y elecciones fraudulentas, nos condujo a una desgraciada guerra civil; sin embargo, el nacido el 18 de julio, como respuesta a la acción liberticida y criminal del frente popular, además de darnos paz y progreso, nos condujo a la democracia o como se llame esto que estábamos disfrutando al menos hasta la llegada de este nuevo frente popular que nos gobierna.

Por tanto, espero que, en un ejercicio de auténtica memoria histórica, el próximo 18 de julio, el moncloita y su mariachi celebren también, por todo lo alto, el verdadero sendero luminoso de paz y progreso por el que nos condujo el Alzamiento del 18 de julio.

Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )