CHAPOTEANDO EN LA CLOACA

El vicepresidente segundo del Gobierno confirmó ayer que las apelaciones a la unidad que hace Sánchez son otra mentira, como demostró en su intervención ante la comisión parlamentaria para la reconstrucción, profiriendo una monserga faltona, provocadora y chulesca (a partes iguales) dedicada en su parte sustancial a atacar a la oposición de manera tan afrentosa como la que él denunció la víspera a cuenta de la militancia de su padre en el grupo terrorista FRAP.

«No es tiempo de reproches ni de análisis», comenzó diciendo para luego entregarse más a lo primero (su gran especialidad) que a lo segundo (que la verdad nunca se le dio bien), culpando al PP de lo duro que ha golpeado la pandemia en España, echándole, en fin, a la cara todos esos muertos que su Gobierno no sabe ni contar.

A Vox le reservó la acusación de querer «dar un golpe de Estado». Nada arrepentido, después remató la faena con una de las chulerías que suele gastarse cuando se viene arriba en la altanería y encuentra a Don Tancredo presidiendo la sesión, ayer disfrazado de Patxi López, que consintió semejante festival de engreimiento con olor a pachuli, de discoteca de polígono cuando ya amanece, displicente y perdonavidas pues el que manda es él. «Cierre la puerta al salir, señoría», le dijo a un diputado al que acababa de acusar de golpista.

Con ese talante destructivo, vitriólico y por encima de todo mendaz es con el que el Gobierno acude a la llamada comisión de reconstrucción donde discursos como el de Iglesias convertirán pronto aquello en una escombrera.

Todo lo tiñen de la misma hipocresía que la izquierda (PSOE y Podemos) demuestra con los informes de la Guardia Civil, que eran alabados en la operación «Púnica» y ahora son producto, según Echenique, de una turbia maniobra de la Benemérita. No da para más la criatura…

Todo en el Gobierno es mentira, una colección de bulos impresentable con los que ir engañando a los españoles. Los últimos, los trabajadores de Nissan. Y cuando dejan de mentir acuden prestos al insulto.

Ahora que Iglesias ha quedado con el tafanario al aire en el caso Villarejo, pasando de perjudicado a posible imputado, parece que se siente cómodo chapoteando en la cloaca de la España de los 40.000 muertos y los cinco millones de parados, esperando quizá a que Irene dé el visto bueno para abrir la piscina de la dacha de Galapagar.

Álvaro Martínez ( ABC )