CHAPUZAS QUE CUESTAN VIDAS

España está empezando a proyectar al mundo un paradigma de gestión deficiente frente a la pandemia. A la falta de previsión que marcó los meses de enero y febrero, cuando la agenda ideológica del Gobierno se imponía a las advertencias técnicas que llegaban de China y de Italia, se le ha sumado la falta de coordinación entre administraciones pese a los poderes extraordinarios de que el estado de alarma reviste al Ejecutivo de Sánchez, que decidió colocar al frente del mando único a un ministerio sin competencias ni experiencia de gestión.

Se despreció la alerta sanitaria, se actuó tarde y se continúa obrando con negligencia difícil de digerir dadas las consecuencias. En la misma mañana en que supimos que el número de víctimas mortales del Covid-19 superaba los 4.000, la embajada de China en España informaba de que los test rápidos adquiridos por el Gobierno español que han demostrado estos días su nula fiabilidad fueron comprados a una empresa sin licencia.

Por mucha unidad que reclame Sánchez, es imposible no escandalizarse ante semejante chapuza. Porque ese material defectuoso que a Sanidad le colocó una compañía china no homologada es el material con el que deben trabajar nuestros médicos y enfermeros en unas condiciones extenuantes, con los hospitales al borde del colapso y con la mayor proporción de personal sanitario contagiado del mundo.

Tratando de corregir su pasividad inicial y aprendiendo al fin del ejemplo coreano, el propio Sánchez presumió el sábado de «las garantías sanitarias» de los «test homologados». El pasado domingo el Ministerio de Sanidad anunció el inicio del reparto de 640.000 tests de detección rápida y procedió a distribuir los primeros 8.000 en la Comunidad de Madrid; la cual, al advertir que no estaban validados, tuvo la prudencia de no distribuirlos masivamente.

No es posible imaginar un ejemplo más claro de incompetencia y del fracaso de la centralización, que obliga a las autoridades autonómicas a salir al mercado por su cuenta para paliar la situación. Salvador Illa queda ahora en una posición extremadamente difícil de sostener.

Hay momentos en que la negligencia resulta especialmente inadmisible, porque se cobra vidas. Vivimos uno de ellos. No es tolerable que al día siguiente de que la oposición, en un pleno absurdamente alargado hasta la madrugada que deberían haber podido ver todos los ciudadanos, concedieran su respaldo al Gobierno para tomar de una vez las riendas de la situación y mejorar la eficacia, nos encontremos con semejante chapuza de abastecimiento sanitario.

Mientras ERC y Bildu, que invistieron a Sánchez, se desmarcan del decreto del estado de alarma y este debe salir adelante con el apoyo de una oposición sistemáticamente denostada por el sanchismo. Los españoles están deseando remar juntos en la misma dirección. El problema es que este Gobierno no sabe fijarla.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor