CHARLATANES

John Romulus Brinkley se hizo millonario  durante el primer cuarto del siglo XX trasplantando glándulas de machos cabríos en los testículos de los pacientes impotentes que acudían a su consulta soñando con la recuperación de la virilidad perdida.

Por la operación cobraba 750 dólares de la época, que al cambio de hoy serían unos 8.000 euros, y la lista de espera de varones ansiosos por poder volver a dar la vuelta al ruedo,  con un par de orejas en sus manos  y el aplauso de su amante que yacía exhausta en la cama, le convirtieron en un hombre rico.

Como diría el clásico, la operación la hacía “con dos cojones…de un chivo”  y durante años el fraude no fue denunciado por ninguna de sus víctimas,  unas veces por el efecto placebo de la autosugestión y  otras por la vergüenza que les daba reconocer que habían sido engañados al dejarse trasplantar unas células caprinas en sus partes nobles.

He leído  esta historia en la prensa y me ha parecido una de las noticias más importantes del día por su valor metafórico y porque el resto de espacio emborronado con tinta  en los periódicos, aunque también se refiere a otros charlatanes y engañabobos, apestan por caducas, aunque  tienen en común con la historia de John Romulus Brinkley, que él también era un falso doctor.

El oficio de charlatán es uno de los más rentables que existen desde que el mundo es mundo porque  su público objetivo es muy numeroso entre las masas de crédulos e ignorantes que pueblan las calles de los pueblos y ciudades de cualquier país, pero además el trampantojo que da la cara tiene tras de sí a una cohorte de colaboradores con los que reparte una porción de sus beneficios si le ayudan a difundir su falso mensaje de promesas que nunca se cumplen.

El secreto está en que las soluciones que  prometen respondan al ansia oculta de los seguidores embaucados, porque a veces sienten pudor por verbalizar cuáles son sus frustrados deseos más íntimos, y espero que ustedes lo entiendan si pongo algunos ejemplos.

No es lo mismo decir   “ doctor, necesito vitaminas para estar más fuerte” que  afirmar “doctor no se me pone dura”, de la misma forma que tampoco es igual votar a alguien para poder conseguir un trabajo digno y estable, que entregarle tu confianza a fin de que te ayude a vivir de las subvenciones y el cuento durante al menos una legislatura.

En cualquier caso entiendo las angustias de unos y  las preocupaciones de los otros porque es muy fácil presumir de ser independiente cuando no tienes problemas en la cama ni en el bolsillo, pero los impotentes y los que piensan que trabajar es un oficio muy duro siempre necesitaron la ayuda de los charlatanes,

Diego Armario