CHASCO

Iba a ser el triunfo de la progresía, la derrota de la derechona engordada por Vox, el inicio de la augusta era Sánchez, gobernando en solitario con estos o aquellos según conviniese. Todo ello se ha ido al cuerno tras cuatro elecciones en dos meses, que ganó, pero perdiendo terreno y sin siquiera tener garantizada la Presidencia de Gobierno. Como cuando quiso secuestrar al PSOE y acabó en la calle. Lo de ayer es mucho más grave.

Pudo recuperarse y llegar a La Moncloa, con un PP más débil que nunca por la sangría que le causa Ciudadanos desde el centro y Vox desde la derecha, que se ha traducido en la mitad de escaños que tenía. Mientras Podemos ha dejado de ser una amenaza para el PSOE, hasta el punto de implorar casi de rodillas alguna cartera ministerial, que está por ver si se le concede.

En principio, no, porque este Podemos resta más que suma, y los planes de Sánchez, o de su gurú, van más lejos de un «mandato social» de izquierdas. Busca el centro, ser el Macron español, de ahí que Ciudadanos sea su socio preferido, que le daría esas credenciales.

Rivera aspira a lo mismo, pero su objetivo inmediato es convertirse en líder de la oposición, arrebatar al PP tal título y enviarlo al desván de la historia. De ahí que no le haga ascos a gobernar con el PSOE y se los haga a Vox. En cualquier caso, todas esas han sido cuentas de la lechera, y si Sánchez tiene que pactar con quienes no quería, la extrema izquierda y los separatistas, Rivera tiene que pactar con los que despreciaba, PP y Vox. Suele ocurrir a quienes tienen más prisa que principios.

El caso de Ciudadanos es patético. Quiso echar un pulso al PP, su aliado natural, y lo ha perdido a lo largo y a la ancho. En Madrid especialmente, montó un final de película de Hitchcock, con suspense hasta al último minuto, teniendo menos escaños y menos votos, lo que confirma el reproche de infantilismo que uno de los socios fundadores ha hecho a Rivera.

Pero en el cara a cara, el primero en pestañear fue él, al ofrecer repartirse la Alcaldía madrileña. En este tipo de duelos, hay que mantener la apuesta hasta el final, aún con riesgo de estrellarse. Por lo que tendrán que contentarse con ser muleta y socios del PP en Madrid y otros puntos, como del PSOE en otras partes. Lo que no hará más que confirmar su condición de bisagra o de veleta, según se mire. En cualquier caso, muy lejos de sus expectativas.

Ello nos lleva a los «nuevos partidos», surgidos al cobijo de la crisis económica de 2008 y los movimientos contestatarios que trajo. Pero me he quedado sin espacio y lo dejo para mañana. Lo que sí quiero recalcar es que el 26-M ha rectificado el 28-A, equilibrando ambos bloques. Y hoy, desgasta más gobernar que la oposición. Sobre todo, si tiene como compañeros de viaje a la extrema izquierda y secesionistas, otros perdedores.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor