CHIQUILLADAS

Los aftershakes, sacudidas secundarias, del terremoto del 26-M empiezan a notarse y tienen casi tanta fuerza como la principal. Por lo pronto, Ciudadanos ha roto con Valls, a quien propició el aterrizaje en Barcelona, y Vox ha suspendido su negociación con el PP, que le ha ofrecido pista para ocupar Madrid.

A esto le llamábamos «la venganza del chinito» en mi lejana juventud, cuando no teníamos ni la más remota idea de que China iba a convertirse en primera potencia mundial. Hoy lo llamaríamos venganza de los pequeños o pellizcos de monja, aunque pueden hacer daños mayores. Examinémoslos.

Lo de Ciudadanos es patético. Se olvidó de su feudo catalán, donde llegó a alcanzar la presidencia, que no ejerció, para conquistar España, aunque fuera sólo como líder de la oposición y se ha quedado sin una cosa ni otra. Cataluña la dejó en manos de Valls, nada más y nada menos que un ex primer ministro francés, quien se lo tomó tan en serio que se puso a hacer política por su cuenta y riesgo, hasta el punto de ofrecer sus votos, gratis, a Ada Colau «para impedir que en Barcelona gobernasen los independentistas», loable intención.

Pero olvidando que la señora Colau fue la que quiso prohibir la participación en una feria de Barcelona al Ejército español, la que echó a los socialistas del consistorio y la que, a lo largo de toda su carrera política, ha mostrado ser una independentista de corazón. Claro que antes de ello quiere seguir siendo alcaldesa de Barcelona y aceptó encantada los votos de Valls, que eran también los de Ciudadanos.

Y lo logró. Pero su primera decisión tras ser reelegida fue colgar del balcón del ayuntamiento el famoso lazo amarillo, símbolo independentista, señal de que va a seguir gobernando como hasta ahora. Ante lo que Ciudadanos ha roto con Valls, en vez de ayudarle a impedirlo. Chiquillada.

Mientras, en Madrid, tras haber ayudado al PP a recuperar la alcaldía, Vox suspendió sus conversaciones con él para ganar la Comunidad hasta aclarar si recibe en el ayuntamiento los puestos de gobierno prometidos, aunque en estos momentos negocian.

Al parecer les prometieron concejalías, pero Ciudadanos sólo acepta darles juntas de distrito, que también gobiernan aunque en un nivel inferior. Tienen unos días para llegar a un acuerdo. O no llegar a ninguno, perdiéndolo todo todos. Otra chiquillada.

Tanto Ciudadanos como Vox deben tener en cuenta algo importante: uno y otro proceden del PP. Entre el 80 y el 90 por ciento de sus electores pertenecieron a él, que abandonaron por considerar dejadez la política de Rajoy ante el desafío independentista catalán y la agresividad de una izquierda que no respeta los símbolos ni las instituciones españolas.

Pero si por su culpa, el constitucionalismo pierde Madrid, lo que harán esos electores la próxima vez que tengan que votar es quedarse en su casa o volver al PP. O sea, que se lo piensen bien y actúen como adultos.

José María Carrascal ( ABC )