“ La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas va a proponer que,  el próximo premio Princesa de Asturias de la Concordia,  se conceda a los diputados y senadores de las ‘Cortes  Constituyentes’, quienes aprobaron las Constitución de 1978” …

Al llegar aquí no pude menos que soltar una sonora carcajada. Lo primero que me vino a la mente  fue: o es un chiste o bien, como ahora hay tiempo para todo, a algunos jovencitos, — niños cuando murió Franco o nacidos después– han tenido el humor de crear una Asociación con el  nombre de “Real Academia de Ciencias Morales…etc.” pero, al seguir leyendo, vi pronto que, no. Se explicaba con todo detalle el peso específico de esa Real Academia y el no menor de sus miembros

Señores respetabilísimos, excelentísimos, ilustradísimos, recargadísimos de títulos honoríficos y sus consiguientes enchufes, ¡vamos a ser un poco serios! ¡Un mínimo de seriedad!

¿Cómo es posible que tengan cara de cemento para fundamentar en una falsedad absoluta, la solicitud de un galardón para algo que “nunca existió”, es decir unas “Cortes Constituyentes”, como lo demuestra un  mínimo de conocimiento de la Historia y reciente de la España postfranquista vivida por  los españoles?

Tiene que ser muy duro el rostro que les hace mentir tomándonos  por ignorantes idiotas al resto de los españoles. Deberían tapársela con un velo negro como las viudas de otros tiempos.

Merecen todo el desprecio de quien tenga la Verdad como norte. ¡Por embusteros! Ignorar la realidad más elemental no es de seres racionales sino de bestias.  Si ustedes son dignos de dirigir una Real Academia de “Ciencias Morales”, yo soy, por derecho heredado, cardenal de la Santa Madre Iglesia, por lo menos.

Los millones, los muchos títulos académicos, los innumerables cargos ocupados –de altísima responsabilidad–,  no dan derecho a la barbaridad de apoyar una solicitud en mentiras evidentes. Y, menos aún,   la Real Academia de “Ciencia Morales”,  porque nunca se eligieron parlamentarios constituyentes (los de 1977 lo fueron. «para legislativos”) y si no existió tal elección menos   pudo reunirse una “Asamblea Constituyente.

¿Y ustedes nos quieren dar lecciones de “ciencia moral”,  apoyando una solicitud, en un embuste colosal? ¡No sean cínicos, ni se pasen de listos! Aun quedamos españoles  que usamos  el don de razonar y tenemos idea de la esencia de lo moral.

Después de lo visto, yo les daría un consejo: “Cierren a cal y canto ese ‘pozo de moral’ porque lo han convertido en un manantial de inmoralidad,  pues la mentira es la peor de las inmoralidades. En los Estados Unidos de Norte América, le cuesta el cargo al Presidente de la Nación, y en cualquier sociedad con un mínimo de vergüenza, a los mentirosos nadie les vuelve a  tener en cuenta. 

¡No quieran engañar a los españoles! Quedamos españoles con memoria y sólo han pasado cuarenta y seis años desde que una Constitución perfectamente estudiada en todos sus destalles para «hacer volar en pedazos” la primera Nación moderna del mundo, se la dio redactada a los padres de la Patria, la Sinagoga de Satanás. ·

Como tienen capacidad económica y de maniobra inconmensurable les invito a que busquen y  me presenten un solo documento en el que se anuncie que se va a proceder a la elección de diputados para “redactar una Constitución”,  mientras, por el contrario, toda la documentación existente demuestra que se anunció y convocó a la “elección de Diputados” para un Parlamento “Legislativo”,

Durante todos estos años, desde 1977 a nuestros días,   este modesto escritor que no es abogado sino filósofo e historiador, se ha cansado de proclamar la ilegalidad de la Constitución por carecer el elemento básico y fundamental,  o sea,  la “Convocatoria a la elección de Diputados Constituyentes”

Si ustedes me presentan un solo documento contrario a lo que afirmo, retiraré mi juicio sobre la conducta de esa “Real Academia”. Sean consecuentes y anulen esa petición que los deja al nivel del betún.

Confío en que quienes aman la Verdad y tienen modo de hacerse oír, les avergüencen por su conducta y rectifiquen.

Gil de la Pisa ( El Correo de España )