CHIVO EXPIATORIO

Cada vez que veo a Salvador Illa me pregunto cuántas veces al día maldecirá el momento en que aceptó ser ministro.

Parapetado en sus gruesas gafas de pasta, se enfrenta cada día al escrutinio feroz de un país enclaustrado que lo maldice.

Asumió una cartera tranquila como Sanidad para poder seguir jugando en el ajedrez catalán y preparar el asalto socialista a la Generalitat en las próximas elecciones.

El Mundo