CHULO DE MIERDA

Como todos los chulos es un mierda que, desde una posición de privilegio político y preeminencia social, ejerce su magistratura aldeana con la insolvente y desahogada soberbia de los señoritos de pan pringao de los “Santos Inocentes”.

Al igual que ellos, despliega su ofensiva ignorancia para envalentonarse ante un adversario menguado por el miedo, emasculado por la aritmética electoral y domesticado por cuatro décadas de servil vasallaje ante los chulos del separatismo que campan por sus fueros sin que nadie, nunca, jamás les haya hecho tragarse su obscena chulería de grado o por la fuerza.

Torra es, además, un chulo sin planta y si estampa con vocación de ario catalán que, al igual que aquel otro animal antropomorfo, Sabino Arana, se permite vomitar su odio a España haciendo mangas y capirotes sobre el aspecto simiesco de los españoles, su brutalidad innata y su salvajismo congénito.

Él, que lleva en su rostro el ADN del eslabón perdido de Darwin y que parece sacado de un fotograma de la Familia Adams, nos hace la burla como si lo hubiera engendrado Apolo en el vientre de Venus.

En condiciones normales; o sea, en un país decente, Torra no tendría ni nombre ni perfil, sería una sombra anónima y, al final de su existencia, una tumba vacía; pero gracias a la indecencia democrática de España y a la hilarante cobardía de su predecesor, Torra es el presidente de la Generalitat catalana, la gusanera en la que anidan las larvas de los traidores y las heces de los chulos del separatismo que sin tener media hostia se sueñan todos ellos hijos putativos de Simón Bolívar.

Torra ha sido inhabilitado y ahí sigue, ejerciendo su puerca magistratura, sin que nadie se haya atrevido, con la ley en una mano y la espada de la justicia en la otra, a sacarlo del sedicioso Parlamento regional catalán ni de esa yacija de todas las traiciones que es la Generalitat.

Es un chulo de mierda que gallea a costa de los cobardes que le apoyan porque le necesitan para mantenerse en el poder sin conciencia, sin honor y sin Patria.

Eduardo García Serrano ( El Correo de Madrid )