Podría contarle al sueño que una vez tuve un sueño y a la igualdad que una vez fue ese sueño y también, podría contarles a las mujeres olvidadas, a las sufragistas, a las primeras políticas y a las maltratadas como se ha damnificado esa lucha histórica denominada feminismo.

También podría contarle a la historia que no hemos aprendido de ella, que nuestro pasado reciente no sigue latente ni en nuestras sociedades ni en nuestras democracias porque seguimos igual de ciegos, de los que hablaba Saramago, ciegos que viendo, no ven.

Según la RAE desvirtuar significa alterar la verdadera naturaleza de algo y el feminismo se está desvirtuando. Estamos alterando su esencia, estamos perturbando esa característica fundamental en la que se asienta; la igualdad.

Porque antes de ser hombres o mujeres, antes de ser sexos o géneros somos personas y es la expresión más pura de humanidad que existe. Me niego a pensar que el cinismo puede gobernar nuestra sociedad, que puede dominar a los individuos y puede primar por encima de los valores de los seres humanos.

No podemos seguir al frente de una lucha que se ha olvidado de su objetivo. Esta batalla no puede ser una respuesta, ni una resolución y mucho menos una imposición, sino que es una transición para alcanzar una sociedad justa e igual para todos los miembros de este planeta.

La igualdad de derechos civiles, el sufragio universal, la emancipación de las mujeres y el amparo legislativo, ¿os imagináis a Clara Campoamor luchando por una segregación sexual? Todos estos logros son fruto de esa esencia propia del feminismo.

Son fruto de la unión entre hombres y mujeres que creían que el sexo era la característica más bonita y única de los seres vivos. Lucharon codo con codo para extinguir ese pensamiento sexista y retrógrado que imperaba en la sociedad a lo largo de los siglos.

Una meritocracia propia de la igualdad. De ese sueño que yo una vez tuve y que sigo teniendo. Una igualdad que no estamos tan lejos de conseguir si decidimos reconciliarnos como humanos que somos por encima de todo, y nos olvidamos de que existen dos palabras; mujer y hombre, que estipulan nuestro comportamiento social.

Una igualdad que conseguiremos si olvidamos que un sexo y su expresión cultural pueden dominar el mundo. Un sueño que ojalá deje de serlo porque será real. Dejaremos de estar ciegos, seguiremos viendo y, esta vez veremos, porque nuestras democracias y nuestras sociedades serán individuales y no sexuales.

Matilde López ( El Correo de España )