CIGARRAS Y HORMIGAS

Es una de las fábulas más conocidas de Esopo, el poeta griego que creó un género, imitado en todos los idiomas con notable éxito.

La Fontaine lo hizo en francés y Samaniego en español, entre otros. Si fuéramos a clasificarlo, lo situaríamos en el didáctico, ya que pretenden siempre enseñar una lección moral, sin otra ambición que perfeccionar el espíritu y prevenir contra aquellos comportamientos que, siendo de entrada placenteros, terminan causando daños.

De ahí que se consideren hijos de la Ilustración y figurasen en todos los primeros libros de lectura de la infancia. Hoy no sé si es así, y lamentaría no fuese pues su mensaje quedaba grabado en la mente infantil ya de por vida, con efectos positivos sin duda alguna.

En este caso, y me disculpo con los lectores que conocen la fábula, que serán todos o casi todos, pero habrá alguno muy joven que la desconozca. Se trata de la cigarra que se pasa el verano cantando de flor en flor, mientras goza del calor y abundancia de semillas. Mientras la hormiga arrastra trabajosamente el grano de trigo hacia su almacén subterráneo.

Cuando la cigarra le dice que no sea tonta, que goce de la vida, la hormiga le responde que mejor haga lo que ella, que guarde para los malos tiempos; la cigarra no hace caso. Pero llega el invierno con sus hielos y campos yertos, la hormiga calentita y bien alimentada, la cigarra muerta de hambre y frío, que le pide ayuda. La hormiga le dice que de haber hecho lo que ella, no se vería en tal estado.

Me he acordado de la fábula al leer que Pedro Sánchez se dispone a emprender una gira por Suecia, Alemania y Holanda para que no pongan obstáculos al plan europeo de ayuda a quienes se ven con el agua al cuello por las crisis sanitaria y económica que se les vienen encima.

Les llaman, junto a algún otro, países frugales, con cierto tonillo despectivo, cuando debería ser de admiración, al haber hecho sus deberes. Pero, como digo, las cosas han cambiado y muchos piensan que tienen el deber de ayudarles, como la hormiga a la cigarra.

A mí, de entrada, me avergüenza que un país como España, con 47 millones de habitantes, que recibe 80 millones de turistas al año y con recursos de todo tipo, tenga que pedir ayuda a uno con 8,7 millones, seis meses de invierno y a otro con 15,3 millones, que han conquistado al mar la mitad de su territorio.

Y entiendo sus recelos ante la poca fiabilidad que merece un gobierno que no ha dicho la verdad sobre la pandemia, que incluye a los comunistas y que negocia con los independentistas. Pedro Sánchez va a despegar toda su charm para persuadirles

A Frau Merkel ya la tiene medio engatusada, pero me cuesta creer que pueda engañar a los fríos suecos y a unos holandeses que a comerciantes no les gana nadie. Si les saca algo, será con plenas garantías. Lo que será bueno para todos.

José María Carrascal ( ABC )