Gente que no hace gracia

gentesosa

Gente que no hace gracia.

Hay que ser un genio o tener un público demasiado entregado para conseguir que un éxito espectacular repita la misma taquilla, porque cuando alguien se copia a sí mismo, deja de improvisar y la frescura se convierte aire acondicionado.

Entiendo perfectamente que los que se sorprendieron con la explosión inesperada de” Ocho apellidos vascos”, quisieran subirse a una ola que no ofrecía garantías de poder ser surfeada con el mismo éxito, pero es probable que conocieran el riesgo y lo asumieron.

Tal vez no cayeron en la cuenta de que, cuando se pierde la virginidad, es prácticamente imposible reeditar el apoyo del público de la primera vez, y el tiempo que ha transcurrido desde entonces, siendo corto, ha sido suficientemente largo como para que pasen cosas que juegan en contra.

Cataluña en este momento no resulta graciosa a un gran público que va a las salas de cine, y algunos de los actores elegidos en el reparto, como por ejemplo Rosa María Sardá, además de que hace bucle en sus tópicas interpretaciones cómicas, se ha significado no sólo con la propaganda de que “España nos roba” sino que la ha acompañado en algún acto público con una gran butifarra.

No sale gratis el desprecio ni la desconsideración, y algunos que se dedican a esta profesión que tanto depende del favor diletante del público, deberían tener muy claro que la universalidad es más rentable y produce más simpatías que la estrechez mental que generan los nacionalismos excluyentes.

En principio no tenía intención de escribir sobre este asunto de los “Ocho apellidos catalanes”, pero ayer un amigo me dijo algo parecido a lo que estoy poniendo en estas líneas, y me dio una pista.

Su tesis era que ”el humor tiene que hacer gracia”, porque en caso contrario resulta “esaborío”, y, en esta materia de las risas, la gente es muy suya.

Diego Armario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*