LA BELLA Y LA BESTIA

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LA BELLA Y LA BESTIA

La salvación de Occidente está en las películas de Disney de los años 90.

“Pesadilla antes de Navidad”, de Tim Burton, para recordarnos que a veces la belleza es extraña y que no podemos pisar las flores salvajes. “El Rey León”, con las memorables canciones de Elton John y la idea de libertad ligada a la responsabilidad, a la jerarquía y al sentido del deber; y por supuesto “La Bella y la Bestia” sobre una adorable hija que adora a su padre y que busca a su príncipe hasta bajo los más oscuros pelajes. Que no te engañen: el mundo es mundo porque todavía existen príncipes y princesas, y sobre su amor reposa nuestra Civilización, que es la única, y adquirimos la fuerza de lo que conquistamos.

“La Bella y la Bestia” es una fábula sobre el amor y el verdadero sentido de la belleza, sobre la familia, sobre la compasión, sobre la estructura moral y espiritual de los valores cristianos que son los que nos hacen tal como somos.

Disney aguantó el tipo por nosotros cuando en los 90 el relativismo empezó a destruirlo todo, y todavía hoy sus historias son redenciones y diques de contención contra la barbarie. “El Rey León” es la metáfora de un Occidente desorientado que tiene que dejar de vagar y retozar como si nada importara, y volver a tomar las riendas de su destino.

Viendo “La Bella y la Bestia”, y su propósito, y lo bello que es el amor cuando se asume en plenitud, no entiendo cómo los hombres libres nos hemos dejado arrastrar por el fango de la corrección política como si la familia fuera no más que una antigualla. Y como si Dios no existiera, cuando no sólo existe sino que nos está siempre esperando para mecernos eternamente entre sus brazos.

Salvador Sostres ( ABC )

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