Que la respuesta del Gobierno a la pandemia haya sido tan deficiente como para que ahora España encabece el rebrote mundial de contagiados no es óbice para que a esta situación contribuya la irresponsabilidad de un sector de la sociedad que parece que se tomó en serio aquella proclamación de Sánchez, a principios de julio, cuando se vanagloriaba (nadie supera a «Pedro el guapo» a la hora de darse jabón) de haber vencido al Covid-19.

«¡Hemos derrotado al virus, controlado la pandemia y doblegado la curva!», llegó a afirmar, al tiempo que animaba a los españoles «a salir a la calle, disfrutar de la nueva normalidad recuperada». Y parece que una parte de la sociedad deglutió sin rechistar aquella propaganda y se lanzó a rescatar su antigua normalidad de manera temeraria.

Son demasiadas las imágenes que llegan a diario de fiestas, cuchipandas o excursiones que parecerían sacadas de otro septiembre si no fuera porque entre los noventa que aparecen solo hay dos o tres tipos con mascarilla. Hiere verlo y pensar en todo lo sufrido. Hay gente para la que la única distancia de seguridad es la que marca tener a mano el gintónic o el roncola.

Quizá uno de los principales fracasos en la pedagogía anti-Covid haya sido que parte de la pirámide social ha trivializado el peligro de la enfermedad, como si, por edad, condición social o simplemente por hacer el avestruz, los que estuvieran en peligro fueran otros.

No les ayudó nada a tomar conciencia de la peligrosidad del momento el ocultamiento de los ataúdes cuando la muerte se venía a chorros por toda España. Ni que algunos se fijaran en la parte medio llena de la botella, ciegos ante la otra mitad vacía. Que si el virus viene ya más manso, que si el calor del verano lo va a matar, que si la vacuna está a la vuelta de la esquina…

Hubiera sido más útil emitir menos imágenes de aplausos en los balcones y muchas más de la batalla que se libraba contra la muerte en las UCI. Pero parece que demasiada gente le perdió el miedo al bicho con el resultado conocido: campeones en contagios, hospitalizaciones, ingresos en UCI y mortalidad. Y eso que en julio habíamos «vencido al virus», según el enjabonado líder socialista.

La inutilidad de Pedro Sánchez no tiene remedio, cierto, pero se agradecería que esos ciudadanos tan de garrafón a los que parece que les da igual contagiarse o, si vienen mal dadas, hasta morirse, no se empeñaran en invitar a los demás a su estúpida ruleta rusa.

Álvaro Martínez ( ABC )