CLIENTELISMO

En 1986, Felipe González, que conocía mejor que nadie Andalucía, estableció junto a Alfonso Guerra el Plan de Empleo Rural (PER), después PFEP, que permitía a los campesinos con 35 días de trabajo disfrutar de seis meses de subsidio. Zapatero rebajó a 20 las jornadas y el clientelismo se impuso de tal forma en Andalucía que el PSOE se ha mantenido ininterrumpidamente al frente de la Junta andaluza.

La descarada compra de votos, que no se mejoró ni en tiempos de Romero Robledo, se ha sumado a la interminable caravana de cargos y enchufes otorgados por el PSOE andaluz, amén de los incontables patrocinios y subvenciones a agrupaciones en gran parte ficticias que recibieron, y siguen recibiendo, suculentas cantidades de dinero público, amparándose en los más pintorescos objetivos.

Se trataba, en fin, de disponer de agradecidos grupos electoreros y de que un porcentaje abrumador de ciudadanos dependiera del dinero público. En las elecciones autonómicas, el Partido Popular vencía en las capitales de las provincias andaluzas y caía derrotado en el resto.

Las cosas no han cambiado. Susana Díaz, que perdió por sus incertidumbres e indecisiones las primarias contra Pedro Sánchez, conoce muy bien la firmeza con que su partido, a imitación del PRI mexicano, tiene amarrados los votos y espera la reelección a pesar del escándalo de los eres y las tarjetas puticlubs. El Partido Popular no ha sabido encontrar un candidato con carisma y Ciudadanos permanece en vilo tras haber sido el soporte del PSOE andaluz en los últimos años. 

La sombra del clientelismo político, en fin, es alargada y se mantiene extendida por toda Andalucía. El fuego amigo ha sangrado al PP. El catecismo cristiano enseña a perdonar a los enemigos pero de los amigos no dice nada. Que se lo pregunten a Javier Arenas.

Luis María Anson ( El Mundo )