COBARDES, PERO GOLPISTAS

Aunque hagan como que no hacen, los golpistas catalanes siguen en las mismas; y seguirán mientras Rajoy siga financiándolos en vez de cortar la gasolina del tractor amarillo. Ayer, el presidente del Gobierno, que en cualquier nación con un mínimo de decoro sería procesado por auxilio a la rebelión, manifestó que su mayor deseo es que cuanto antes le nombren presidenta a Artadi o cualquiera que no tenga cita con Llarena esta semana. No le dijo a Ana Rosa que el Gobierno va a impedir que el golpe de Estado siga adelante, como si no hubiera habido 155, porque apenas lo ha habido.

Lo que pedía, casi imploraba, era volver cuanto antes a lo que el Gobierno y sus muecines llaman normalidad, que es que siga la inmersión lingüística, la persecución de los disidentes, la prédica en TV3 del odio a España y que esa Generalidad que representa al Estado español en Cataluña siga siendo una estructura liberticida y criminosa, refinanciada por el Gobierno del PP. Rajoy se niega a combatir el golpe. Quiere, cuanto antes, acomodarse a él.

Lo malo es que el golpe no se deja. Ayer, los partidos que, como las demás organizaciones golpistas deberían haber sido ilegalizados tras el 1 de octubre, dejaron claro que, salvo para cobrar de Madrid, no se moverán. Que siguen proclamando ilegítimos no ya al Gobierno, sino a la legalidad constitucional que representan los tribunales de Justicia, a los catalanes no separatistas y a los partidos políticos que los representan, a esa realidad plural de Cataluña que, como dijo en su extraordinario discurso Arrimadas, ni llora porque vuelvan los presos y fugados de la Justicia ni quieren que se eternice el maldito prusés, que está más caducado que un yogur de 1714.

Pero el artículo 6.bis votado ayer por la mayoría golpista del Parlamento regional desafía al régimen constitucional español a defenderse, a mantener el orden legal en que se cisca. Es la reafirmación en los delitos en que la víspera les advirtieron los letrados que iban a incurrir. E incurrieron. Es una invitación formal a que el Gobierno intervenga de una vez esa Generalidad que preside Rajoy, administra Soraya y financia Montoro, pero cuya única actividad sigue siendo mantener el golpe de Estado contra España mediante esas estructuras que desde octubre desafían al Estado y afrentan a la Nación. ¿Hasta cuándo?

Federico Jiménez LoSantos ( El Mundo )