Solo un doble rasero moral permitirá a Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, mantenerse aferrada a su cargo en vez de dimitir y cumplir con la exigencia de ética pública y ejemplaridad con la que Podemos y las distintas marcas de su partido accedieron a las instituciones años atrás.

Colau ha sido citada como imputada por un juzgado barcelonés para responder por presuntos delitos de prevaricación, fraude, malversación, tráfico de influencias y negociaciones prohibidas. Menos cohecho, toda la cascada de delitos que irónicamente suelen denominarse «un completo de corrupción».

Su pecado, haber concedido subvenciones a dedo con nocturnidad a entidades afines a su partido a las que ella misma perteneció antes de ser alcaldesa. Por mucho menos, y sin siquiera una citación de imputación, ministros de otros partidos tuvieron que abandonar la política.

Pero Podemos y sus marcas, siempre fervientes de la ley del embudo, hablarán de jueces corruptos y no de nepotismo ilegal. Al tiempo. Y con una diferencia: a ella debe reconocérsele la presunción de inocencia que siempre negó a los demás.

Cosas de la democracia.

ABC