COMEDIA DE LAS EQUIVOCACIONES

Me pasa lo que a Ortega: la política sólo me interesa como espectador, pero difiero al elegir la localidad. Él miraba el ruedo desde la cercanía de la barrera. Yo lo hago desde la andanada con los gemelos al revés y algodones en los oídos. Don José se tomaba muy en serio la res pública, tanto como para dedicarle artículos de fondo y sesudos libros, mientras yo procuro no mencionarla en los míos, aunque me sienta obligado a hacerlo en mis columnas. Verdad es que preferiría escribir sobre cosas más acordes con mis gustos y menos desagradecidas, pero sospecho que si el Lobo Feroz pasara siempre de largo ante el aprisco de los políticos sin tirarse a su pescuezo, Paco Rosell y Jorge Bustos lo enviarían a aullar en descampado.

¡Perra vida la del escritor que se mete a periodista! Vuelvo, pues, a empuñar mis gemelos con la cabeza gacha, los pongo del revés, oteo en sordina, diagonal y miniatura lo que sucede en el hemiciclo, y el asombro se adueña de mí. Asombroso es, en efecto, que un partido que cuenta con ochenta y cuatro míseros escaños gobierne él solito el país; y asombroso es que le donen sangre contaminada por circulación periférica, residual y extracorpórea quienes desean trocear el latifundio sometido a su jurisdicción en tantos pedazos como los del cántaro de la lechera; y asombroso es que el anterior jefe de Gobierno volase la santabárbara de un sistema político cuyos cánones exigen que manden los más votados y dejara a los suyos con las tripas al aire, y a toda la nación con las piernas abiertas frente al separatismo, cosa que habría podido impedir en un amén dimitiendo como buen patriota antes de que se votara la moción golpista de censura.

 Y asombroso, por último, es que los de Ciudadanos no forzaran la convocatoria de unas elecciones que tenían más que chupadas negándose a apoyar los Presupuestos. ¿Conque todo esto, chanchullo va, apaño viene, era la famosa democracia cuyos claros clarines atronaron nuestros tímpanos tras la muerte del Caudillo? Asombroso, ¿no?, y perdónenme los Padres Fundadores que lo diga.

Fue Shakespeare quien escribió La comedia de las equivocaciones. Me alegro, como espectador, pero sólo como espectador, de que sus Señorías la hayan reestrenado. Sírvanos de consuelo la noticia de que es la más corta entre todas las que el Bardo compuso. No tardarán los actores en hacer mutis. Que caiga cuanto antes el telón y ejerza su derecho al pateo el respetable.

Fernando Sánchez Dragó ( El Mundo )