El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalidad, Pere Aragonès, han escenificado este domingo en Barcelona el comienzo del «diálogo» cuyo propósito por parte del Gobierno es desnaturalizar la estructura territorial del Estado y facilitar que Cataluña disponga de toda clase de privilegios en detrimento del resto de las regiones de España.

El encuentro entre ambos dirigentes se produjo en el marco del Mobile World Congress y en presencia del Rey, al que Sánchez está arrastrando a escenarios notoriamente inconvenientes para las funciones y el prestigio de la Corona.

La cena del congreso de telefonía móvil ha sido el pórtico de la reunión que Sánchez y Aragonès celebrarán este martes en Moncloa, una cita para establecer de manera preliminar la agenda de la mesa de negociación que Sánchez ha prometido a los separatistas a la vuelta del verano.

La indisimulada intención del Gobierno socialista es convocar un referéndum sobre un nuevo «marco de convivencia» (según la espesa y retorcida retórica de Salvador Illa y Miquel Iceta) que satisfaga a los independentistas, aunque si en algo coinciden ERC y Junts per Catalunya (JxCat) es en los planteamientos de máximos. Exigen impunidad absoluta y un referéndum de autodeterminación puro y duro, sin los subterfugios con los que pretende adornar el Gobierno la convocatoria.

Los mimbres ya están puestos. El líder de ERC, Oriol Junqueras, ha asegurado que este Gobierno es el más abierto al diálogo en los últimos diez años. Es decir, que se trata del Ejecutivo más débil y al que los independentistas pueden arrancar más concesiones.

Al tiempo, José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno más nefasto de la democracia hasta la llegada de Pedro Sánchez, se erige en el «relator» que pedían los independentistas para dirigir las operaciones de la mesa de diálogo.

De modo que el hombre que encendió la mecha del proceso con aquella disparatada promesa de respetar cualquier Estatuto que remitiera el Parlamento catalán, el presidente que marraneó con Artur Mas ese mismo Estatuto y el individuo que puso en cuestión la propia esencia de la Nación para atribuir a la región catalana la categoría de nación será ahora el encargado de dinamizar los trabajos de la mesa de diálogo. ¿Qué puede salir mal?

Le avala su papel en Venezuela, donde se ha convertido en el mejor aliado de los tiranos.

Con Zapatero, Junqueras, Sánchez y el prófugo Puigdemont presionando desde Waterloo comienza uno de los episodios más críticos de la reciente historia de España, una segunda parte del proceso separatista que no es sino el recrudecimiento del golpe de Estado de socialistas y separatistas.

Triunfo garantizado para los independentistas, que ven cada vez más cerca sus objetivos tras la demolición de la sentencia del Tribunal Supremo con los aberrantes indultos.

Libertad Digital