COMO CONEJOS

El espectáculo de los líderes independentistas catalanes es para echarse a llorar o a reír, según lo mires. Sólo una chica de segunda fila de la CUP, Mireia Moyá, se ha atrevido a decir que iban de veras, que buscaban la independencia por encima del gobierno y de los tribunales o de quien se pusiera por delante. Pero los capitostes (¿hay que decir también capitostas) han escapado como conejos ante la perdigonada de la Justicia, unos desdiciéndose de lo que dijeron e hicieron, otros, metiéndose en una madriguera.

El ejemplo más elocuente es Anna Gabriel, tan farruca por los pasillos del Congreso, en los mítines o en las ruedas de prensa, que ha saltado de Venezuela a la capitalista Suiza. ¡Cuidado Puigdemont!Esta chica promete como presidenta de la República Catalana. Dice que no confía en los tribunales españoles. Cuando lo que teme es precisamente un juicio justo, como les está ocurriendo a sus compañeros de aventura independentista, que alegan que la declaración de independencia no iba de veras, que era «simbólica», ficticia, casi una broma.

¿Se imaginan a un ladrón pillado con el botín diciendo al juez que había sido simbólico llevarse los bienes ajenos? No, señores y señoras, iban totalmente en serio, sabiendo que cometían uno de los delitos más graves: un golpe de estado. Si colaba, bien. Si no, a cantar la palinodia. En lo que se equivocaron fue que no esperaban esta reacción del gobierno y los tribunales españoles. ¡Les habían engañado tantas veces! ¡Se habían pasado tantas veces por el arco del triunfo sus leyes y sentencias! ¿O confiaban en que vendría en su auxilio la caballería de la izquierda, como en tantas otras ocasiones? Nunca lo dirán, porque siempre han mentido.

Y siguen mintiendo. Lo más denigrante es la forma. Todo acusado tiene derecho a mentir en su defensa. Pero acusar a los capos, como ha hecho Marta Rovira presentándose como la que quiso detener la consulta ilegal del 1 de octubre, pero Puigdemont no la escuchó, es lo que suelen hacer los mafiosos de poca monta para buscar la benevolencia de los jueces. ¿Y estos caguetas son los que querían fundar un estado modélico en todos los sentidos, al que acudirían inversiones de todo el mundo? El único dinero que iba a acudir sería el negro. Una Suiza mediterránea. O un Gibraltar grande. ¿Por qué se creen ustedes que la Unión Europea se ha opuesto tan rotundamente a una Cataluña independiente?

La farsa va a continuar, al no quedarles otra cosa. Al final, se pondrán de acuerdo (mintiéndose) porque les urge recobrar el gobierno, es decir, el presupuesto, en espera de que surja otra ocasión de volver a las andadas. Pero les tenemos ya tomadas las medidas: lo único que temen es la cárcel. Así que, al menor intento de DIU, declaración unilateral de independencia, 155 al canto, mano de santo. Se acabó la «conllevancia» orteguiana. Aplicación estricta de la ley. Tantas vueltas, para darse de bruces con la democracia.

José María Carrascal ( ABC )