COMO DE PATIO DE COLEGIO

Las declaraciones de estos políticos que nos están tocando… aguantar, son como de patio de colegio de parvulines. Solo les falta rechupetear una piruleta y usar palabras como «te ajunto» o «no te ajunto». Y, claro, las personas normales nos quedamos semigenufléxicos cuando en los medios nos los presentan juntos: vamos de excursión…

Solo les falta la mochila y el tambor. ¡Lo monos que estarían con el babi!. Como los posibles sanadores de todos nuestros dolores políticos.
El que parece que ha crecido es quién en un arranque de vergüenza torera, ante el espantoso fracaso alcanzado en las recientes elecciones, ha presentado su mayoría de edad, y dejando su juguete en la estantería, regresa a su Cataluña natal -que también es la nuestra-.
Hoy un diario de tirada nacional recoge en unas declaraciones la solicitud de Pablo Casado a Pedro Sánchez, pidiendo que de un paso atrás, que es algo muy parecido a lo que sucede en una guardería.
la Profe de la guardería pide al niño que tiene un juguete en la mano, que se lo de a otro niño, que lo quiere para él. Ya puede la criaturita llorar, patalear y tirarse por los suelos, que el juguete seguirá en las manos del cabezota infante que se niega a ceder lo que considera de su propiedad.
Pedirle a Sánchez que de un paso atrás dejando la bicoca tan al alcance a otro sociata, para poder normalizar este despelote en el que han convertido la política nacional, dejando en agua de borrajas su ambicioso proyecto «lauropersonal», es como intentar arrancar de sus temibles fauces a un rottweiler la presa mordida.
Un imbécil con la tiza en la mano pinta mientras no se desgaste toda la tiza, si no hay alguien con la suficiente autoridad para quitarle la tiza.
Eso es lo que está ocurriendo en España y sufrimos muy dolidos los españoles de bien desde hace… No hay autoridad. Por lo que tontos, imbeciles y necios campan por el territorio político a sus anchas sin que, quien debiera, con la fuerza de su «empleo» y de su presunta capitanía, se tome la mínima molestia, preservando la amable tibieza de su apacible y holgado hogar.
Hace un pegote de años un cliente de mi establecimiento me contó que alguien le propuso al Caudillo, para ministro, a Adolfo Suárez, a lo que su excelencia contestó con su reconocida seriedad gallega: «quizás para subsecretario».
Después, las vueltas que da la vida, Adolfo Suárez fue aupado a la presidencia del primer gobierno bajo la Corona -alguien así era necesario para el «momento»; para arrestar a Jesús fue necesario Judas-; pero Franco no estaba equivocado.
La persona que me lo contó -yo no puedo asegurar que fuera cierto- había sido director de una importante empresa que, por lo que fabricaba, estaba en manos del Estado.
Pues bien; pasando una amable revista a nuestros políticos, el noventa por ciento, no es que pudieran tener valor personal para ser subsecretarios, es que ni siquiera vendedores de ungüento «crece pelo», en la Cabecera del Rastro.
Pero, parece que es cierto aquel dicho popular que se pone a Dios como protagonista, para intentar que nadie pierda la esperanza de poder seguir en su empeño, que viene a decir: cuando Dios cierra la puerta, siempre deja abierta una ventana.
Eloy Mirayo ( El Correo de Madrid )